Los niños del fuego

¿Se ha pensado en los trastornos psíquicos que pueden sufrir los niños afectados por la pérdida de su hogar debido a incendios? ¿Qué sienten estos seres vulnerables,

Por: Yadira Roquebert / Periodista

¿Se ha pensado en los trastornos psíquicos que pueden sufrir los niños afectados por la pérdida de su hogar debido a incendios? ¿Qué sienten estos seres vulnerables, cuya edad y madurez no les permite comprender las repercusiones del hecho ocurrido? ¿Qué pensamientos pasan por sus mentes? ¿Cómo afecta su desarrollo futuro? ¿Qué secuelas pueden dejar en ellos?

En mi Panamá, el país de las oportunidades, somos una población solidaria; cuando se trata de hechos sociales que afectan directamente al prójimo, estamos allí pendientes de cómo se desenvuelve la situación y de qué manera podemos ayudar, de acuerdo a nuestras posibilidades. Esta es solo una de las características propias de los panameños que nos hace una nación bendecida por Dios y que nos proyecta a nivel internacional como una tierra de paz, armonía y desarrollo, lo que gusta a los extranjeros, idiosincrasia que estamos llamados a conservar.

Todos estamos expuestos a vivir un siniestro como el ocurrido el pasado viernes. Hechos que tienen mayor incidencia en algunos de los 23 corregimientos del distrito capital. Las estructuras de algunos edificios y casas, la superpoblación, el movimiento comercial, la falta de mantenimiento de edificaciones, la carencia de una cultura ambiental son quizá algunos ejemplos de elementos que influyen y aportan, de manera indirecta, con incendios que dejan secuelas entre los damnificados.

Una vez se da el hecho, las autoridades desarrollan un plan social dirigido a brindarle ayuda y respuesta material a los afectados para minimizar el trauma que surge cuando se pierde el hogar o el negocio que permitía llevar el dinero a casa, pero ¿qué hay de los efectos psicológicos?

Los afectados de estos siniestros requieren de una atención psicológica oportuna, especialmente los niños, pues su vulnerabilidad exige un seguimiento socioemocional que los ayude a superar esta experiencia y les permita, pese a la adversidad, crecer como niños felices. Es un propósito que bien pueden incluir en su plan de trabajo las autoridades.

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