Marca registrada
Es un hecho público y notorio que en menos de dos años, la marca registrada de Juan Carlos Varela y su gobierno se reduce a dos palabras: corrupción® e incompetencia™. Los constantes escándalos y malos comportamientos protagonizados por funcionarios de esta administración han llegado a niveles nunca antes vistos. Además de corruptos® e incompetentes™, son mentirosos y atorrantes. Inventan logros y estadísticas con una facilidad y actitud tan prepotente que se han ganado el rechazo de la población en tiempo récord. La última impertinencia salió este domingo de boca del ministro Álvaro Alemán, quien se refirió a los panameños en términos despectivos con la frase “van pa’l cielo y van llorando”.
Tan grave como lo anterior suena, no es lo peor. La infamia más grande de estos portentos es que invocan a Dios como quien termina cada frase con la interjección “aawo”. Por ser un resultado increíble, Varela supone que ganó las elecciones por intervención divina y se jura emisario de Dios en la tierra para salvar a Panamá de Cambio Democrático. Así que sumado a corrupto® e incompetente™, Juan Carlos Varela es un teócrata. Él debe preguntarse, si todo lo que hace es en nombre de Dios, ¿por qué ha caído en desgracia? No soy supersticiosa, pero creo en el karma, que significa acción o energía que se deriva de los actos, las palabras y los pensamientos de las personas. La ley del karma es el equivalente al principio de Newton que dice que “para cada acción hay una reacción de fuerza equivalente en la dirección opuesta”. En buen panameño, el karma es el resultado de escupir para arriba. Se relaciona con la acción de las personas y sus consecuencias, y es conocida en varias religiones como "justicia divina".
Usar el nombre de Dios para cometer violaciones y atropellos contra tus enemigos es peor pecado que hacerlo por maldad pura. Los panameñistas violaron el segundo mandamiento, que prohíbe “pronunciar el nombre de Dios en vano”. El búmeran del karma tumbó a estos angelitos del cielo, lo malo es que en esa caída libre nos han arrastrado a todos. En esa cruzada por joder a Martinelli y todo lo que se le parezca, se olvidaron de lo más importante, que es trabajar para el pueblo que los eligió. Gobernar se convirtió en un efecto secundario del poder y he aquí los resultados.
A Varela todavía le quedan tres años para salir de la teocracia y cambiar su marca de corrupción® e incompetencia™. Si no lo hace, le seguirá saliendo la bruja y cada vez con peores consecuencias para él, su gobierno y para el país, al punto de que un buen día se va a arrepentir de su victoria electoral, que cada vez huele más a fraude que a milagro. Quiero terminar citando Romanos 2:6. Porque Dios “pagará a cada uno según lo que merezcan sus obras”.
¡2019 a la vista!