Nacional - 03/5/26 - 04:11 PM

Dos veragüenses de barrio se reencuentran entre fútbol, recuerdos y gloria

Por: Redacción / Crítica -

En la academia “DOGOPRIKIDS”, en Santiago de Veraguas, se dio un reencuentro de esos que pesan bonito en la memoria: dos veragüenses de barrio cara a cara, Donaldo González y el periodista Roberto Ballesteros Aponte.

González, hoy jefe de porteros de la Selección de Panamá que se alista para el camino mundialista, llegó sin mucho ruido… pero con historia encima. 

Ahí se sentó con su viejo amigo de infancia y la conversación fluyó sola: recuerdos, calle, tropiezos y esa vida dura de los inicios que no los tumbó.

El exarquero, conocido en Honduras como “El Pana”, dejó huella en el Olimpia, donde jugó entre 1997 y 2004. No fue cualquier paso: ahí ganó al menos tres distinciones como titular, fue clave en la final de la CONCACAF 2000 y terminó metido en la clasificación al Mundial de Clubes. En Honduras todavía lo recuerdan como uno de los arqueros extranjeros más sólidos que pasó por el club.

Durante el encuentro, “Donito”, como lo llaman en sectores como Avenida Sur y La Primavera, donde se crió y empezó a patear sueños, no se guardó nada. Habló de Ballesteros como un arquero que desde chamaquito ya venía serio en el fútbol veragüense.

“A los 16 años Ballesteros ya competía en ligas distritales categoría mayor, mostrando desde temprano su talento”, dijo González, recordando esos años sin fama pero con hambre de juego.

Por su parte, el periodista y comunicador social Roberto Ballesteros Aponte, premiado por el Colegio Nacional de Periodistas habló del orgullo de ambos, criados en La Barranca, en La Primavera, donde el fútbol era calle, polvo y sueño al mismo tiempo.

Donito es uno de los más grandes atletas que ha dado Veraguas, dejando en alto a nuestro país a nivel internacional”, dijo Ballesteros, sin vueltas.

El reencuentro dejó una foto: dos hombres de barrio que no se olvidan de dónde salieron. Disciplina, calle, sacrificio… y una historia que hoy sirve de espejo para los que vienen subiendo con los tacos gastados y la esperanza intacta.