Marea Roja

Por: Carlos Christian Sánchez Columnista -

El 15 de octubre de 2013, miles de fanáticos de la Marea Roja presenciaron el partido entre Panamá y los Estados Unidos de América, clasificatorio al Mundial Brasil 2014. El magro resultado de 2-3 en el Rommel Fernández fue una de las fechas más tristes del fútbol nacional. A quienes vivimos ese momento nos demostró que el balompié nacional todavía debe crecer, aunque superamos una etapa de crecimiento en este deporte. En estos días se inicia un nuevo proceso. El camino a otro Mundial, esta vez el de Rusia 2018. Muchas esperanzas y sueños vuelven a nacer. Sin embargo, no todos confían en el planteamiento de la selección nacional, del manejo del director técnico colombiano Hernán Darío “El Bolillo” Gómez y la manera de jugar de los miembros del equipo. Claro, todos opinan y se creen con el derecho de dirigir el plantel. Así son los fanáticos. Pero el aficionado es el motor de los equipos deportivos. Si la gente no se motiva, nadie irá apoyar la selección nacional. El fútbol panameño es incipiente, va en crecimiento. Empero, en años recientes vemos el aumento paralelo de otros deportes como el fútbol americano y su versión “flag”, como alternativas al balompié tradicional. Y esto se debe a que no se promueven los clubes del barrio o regionales. También la actitud de la Federación Panameña de Fútbol (Fepafut) de bloquear en su cuenta Twitter a quienes opinan contra su línea en redes sociales demuestra poca o nula tolerancia sobre lo que piensan los fanáticos. ¿Cómo pueden solicitar a los aficionados que los respalden, si se creen la divina pomada o la última Coca-Cola en el desierto? Desde hace rato venimos sugiriendo buscar opciones a la generación de nuevos jugadores en el exterior. De que el fútbol sudamericano no siempre te abrirá puertas para clasificar a un Mundial de mayores. ¿Por qué no buscan un director técnico europeo, preferiblemente con la experiencia que tienen en Alemania, España, Inglaterra o Italia? O que los preparadores físicos o psicólogos sean del Viejo Continente, por lo menos. ¿Cómo podemos explicar el déficit de pocos goles, o que se no pueda cerrar bien un partido, después del minuto 80 en el segundo tiempo? Allí se ve la calidad del fútbol panameño. Por eso, hay mucho por trabajar. Somos apenas una estrella que destella en este deporte, en medio de un vasto universo lleno de potencias futboleras. Ojalá Panamá clasifique al Mundial Rusia 2018. Soñar no cuesta, y la esperanza se mantiene. ¿Quién no quiere ver a nuestra selección jugando en la Plaza Roja ante los grandes? Fe y confianza en el proceso, decía uno por allí. No queda de otra. Larga vida y prosperidad para todos. Saludos, amigas y amigos...

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