Negocio eléctrico
El argumento que en su momento usó el actual gobierno para justificar la infortunada decisión de aumentar el impuesto al combustible en 20 centavos por galón, y así costear el incremento de las pensiones jubilaciones, demuestra lo que de por sí es evidente: el doble discurso.
El estrambótico planteamiento era que el precio del combustible a nivel internacional bajó y se prevé que se mantendrá así por lo menos durante dos años, por lo que el aumento al combustible no vería reflejado en el bolsillo del consumidor.
Usando ese mismo argumento, si en Panamá las termoeléctricas que funcionan con “bunker” (el cual es un derivado del petróleo), y el precio del crudo ha disminuido, ¿Por qué no baja el costo de la electricidad?
Si a eso le sumamos que los embalses de las hidroeléctricas están llenas a rebosar y que el costo de las hidros es más baratos que el de las termos, ¿por qué no baja la tarifa de energía eléctrica?
Hilando más delgado, ¿qué intereses protege el actual gobierno, al no querer subsidiar el consumo eléctrico de manera que los hogares pobres del país puedan aliviarse de esta carga?
Lo cierto es que no existe una voluntad política de atacar los problemas sociales del país con medidas radicales y enérgicas.
No existe un día, que en algún punto de Panamá y con frecuencia, en puntos simultáneos, estén moradores de comunidades populares cerrando calles porque no tienen luz, agua o carreteras.
Todo esto a la vista de un gobierno incapaz de plantear soluciones a los más necesitados, ni atacar problemas con planes y programas, pero sí presto a perseguir a opositores políticos.
Ahora se está hablando de un proyecto de interconexión eléctrica con Colombia, además de que se podría estar cocinando un gran negociado, eso significaría la destrucción de la selva virgen de Darién y abrirles la puerta a indeseables de toda clase.
Mantengamos alerta, ante lo que puede ser un gran crimen ecológico y un inmoral negociado.