Papado
A medida que conocemos más de la vida del papa Francisco, nos sorprendemos de su camino al obispado de Roma y de su liderazgo al frente de la Iglesia católica.
El pensamiento del sumo pontífice es claro y profundo al plantear las rectificaciones que debe realizar el alto clero, a quienes dice “no se necesitan príncipes, sino una comunidad de testigos del Señor”.
Agrega Francisco: “No se dejen corromper por el materialismo trivial ni por la seducción de los acuerdo debajo de la mesa”.
Sin tapujos, el papa dice la verdad a los gobernantes de América Latina al decir “la experiencia nos demuestra que cada vez que buscamos el camino del privilegio o beneficio de unos pocos en detrimento del bien de todos, tarde o temprano, la vida en sociedad se vuelve un terreno fértil para la corrupción”.
En ese orden, también manifestó que “el narcotráfico, la exclusión de las culturas diferentes, la violencia, el tráfico de personas, el secuestro y la muerte, causando sufrimiento y frenando el desarrollo”.
La violencia preocupa al mundo y por eso se reunió con el patriarca Kiril, de la Iglesia ortodoxa de Rusia, por los asesinatos en Siria, Irak y el norte de África.
Francisco ha dicho que él se debe a todos porque todos somos hijos de Dios y, por eso, toma el liderazgo de las izquierdas latinoamericanas, de pasado anticlerical por la postura de las cabezas eclesiásticas.
Sobre la Cuba atea, el papa expresó que “Cuba será la capital de la unidad”.
Francisco supo esperar frente a la “Teología de la Liberación”, para alcanzar el Vaticano y desde el mismo Evangelio hacer desde las bases de la Iglesia la lucha contra la pobreza, las desigualdades y la injusticia.