Piedad con nuestros pueblos
Los vendedores de seco y cerveza han pasado los últimos 40 años haciendo lo que mejor saben hacer: convirtiendo a nuestra población joven en un problema de
Julio César Caicedo Mendieta
Los vendedores de seco y cerveza han pasado los últimos 40 años haciendo lo que mejor saben hacer: convirtiendo a nuestra población joven en un problema de salud pública. Este atentado no es exclusivo de Panamá, en América Latina se sufre con las consecuencias del licor, y Panamá, gracias a la nefasta publicidad de los licoreros, está luchando por mantenerse en el “top ten” de los países afectados. La mayoría de las comunidades panameñas aumentan su desgracia por la facilidad que les brindan los minisúper de los chinos que han logrado establecerse en los lugares más insospechados de nuestros llanos, rastrojos, playas y cordilleras. Los “chinitos” se han convertido en el brazo armado de los indignos fabricantes de cerveza y seco, haciéndose cómplices con el atentado criminal que ha malogrado a más panameños que el guayacolato ponzoñoso del Seguro, el dengue y el sida. Antes del golpe de Estado de 1968, para que un grupo de cholos como yo, o de la negramenta de las costas Caribe o del Pacífico se estragase con seco o cerveza era casi imposible, hoy en día gracias a la proliferación de permisos que desató la estafa revolucionaria del PRD con el devaluado sistema de representantes de corregimiento, la consecuencias denigrantes para nuestra juventud han crecido geométricamente.
Quién me discute que el seco y la cerveza no son factores determinantes para que sus consecuencias sean la causa de mortalidad y degradación humana, al relacionarse de manera directa con la muerte por cirrosis hepática, lesiones intencionales o no intencionales, homicidios y accidentes en vehículos automotores y, lo peor, en la deserción escolar. Yo percibo que el señor presidente como persona cree en el bienestar de los pueblos y que está dispuesto a estirar el “jico” hasta donde toque para que nuestra juventud se supere. Dios quiera que en una de estas el “jico” no termine enredándosele en el “pescuezo”, porque hay miles que por una “pacha” o un par de pintas tirarían de él sin piedad.