Poesía
Al vernos, pusieron cara de asombro. Del fondo del salón se escuchó una tímida voz que preguntó: “Uds. vienen a comer o a participar de esta reunión con nosotros...”, era la reconocida poetisa Consuelo Tomás. Vimos caras de sorpresa. Nos miraban Lil María Herrera y Vannie Arrocha, quienes también cultivan el arte poético. Asistíamos esa noche a una curiosa velada cultural en Volcán, Chiriquí. Aunque no nos dedicamos a la poesía, quisimos participar en esa actividad poco común, en parte por respaldar el idealismo y entusiasmo de personas que han sido constantes en la promoción de la poesía en este país y ahora en un sitio tan lejano como Volcán.
En medio de los sentimientos expresados en sus poemas se conversó del papel de la mujer en la sociedad actual. Lo positivo de llevar esos mensajes a comunidades como Volcán, que varios piensan que allí no hay gente que valora la poesía. Se aplaudió este esfuerzo y pedimos que se llevara a escuelas, colegios y centros de educación superior para elevar el nivel cultural del lugar, donde deben haber talentos por descubrir. Algunos pensarán que ese poblado solo se preocupa por las siembras y la cría de ganado. El ambiente estaba cargado de sensibilidad y poesía social como la de Dalila con la problemática de las niñas madres. Hubo un intercambio de ideas entre jóvenes y adultos que disminuyó el frío de esa noche.
Nos enteramos de la labor realizada por algunos artistas en la cárcel de menores. Les llevaron un mensaje de esperanza, de que pueden superar los “malos pasos” que han dado a tan corta edad. No es de extrañar que con el estímulo adecuado salgan de esas celdas sensibles poetas. Recordamos el trabajo efectuado en la cárcel de mujeres. Lograron formar un grupo de teatro, que reveló la capacidad de varias reclusas. Esto sirvió para facilitar el reintegro de ellas a nuestra sociedad. Sabemos que apreciar la poesía no es fácil. Cada verso es un girón del alma del autor o autora...
Afuera del local, el país y el mundo seguían su rutina de violencia, escándalo, corrupción, fanatismo religioso, etc. Ojalá las autoridades respalden estos actos que benefician el intelecto de los panameños no importa en qué rincón vivan. Al salir la luna iluminó unos camiones de cebolla y papas que iban para la ciudad. Días después, mi esposa comentó: “sembrar también es poesía”.