Rescate del olvido #393 Carlos Arboleda
La República, domingo 29 de 1982. Dorita Aparicio de Reyna; publicó el artículo titulado: Arboleda: Expresión de la Naturaleza.
Recientemente tuvimos la oportunidad de admirar la última muestra de la creación pictórica de Arboleda, coordinada por la Galería Habitante en el Foyer del Hotel Marriott.
Fue realmente impresionante penetrar en ese santuario a la naturaleza que es la obra del gran artista. Porque en cada uno de sus cuadros: Lluvia, Tuira, Paisajes, Pichones, etc., está la huella del sentimiento humano.
Porque junto a esa armonía de colores con trazos liberados de cualquiera escuela y con sugerencias de amor, paz y plenitud hay un canto a la vida.
Arboleda, el gran escultor que le dio a Panamá el premio internacional de escultura "GEORGE ROUDIER" de París, revela en cada una de sus exposiciones de pinturas el dominio maestro con los pinceles, tal como maneja el cincel.
Y como dijo José Franco: "Arboleda es todo un señor de la plástica panameña. Lo demuestra su obra que es la única realidad que da jerarquía a los artistas". Y es que no se puede decir menos de quien desde 1948 a la fecha ha cosechado los más codiciados premios en escultura y pintura a nivel mundial.
En La Prensa del viernes 28 de abril de 1995, Ileana Gólcher, publica el artículo: El universo mágico de Carlos Arboleda.
"La creación artística es un proceso de búsqueda permanente, cada obra se quiere por razones distintas y son como nuestros hijos: una prolongación de nuestros sueños y de la propia vida. No tengo predilección por alguna obra en especial". Quien así se expresa es Carlos Arboleda, uno de los más representativos artistas nacionales en el campo de la escultura y la pintura.
Según nos relata, todo se inició en el hermoso pueblo de Chilibre, en los tiempos en que la naturaleza no había sido alterada y ofrecía toda clase de sugerencias. En medio de los paisajes... el barro, un barro rojo que le sirvió de inspiración a las fantasías de la niñez. Sin sospecharlo, Arboleda descubrió que era posible moldearlo, crear figuras, dejar huellas por todo el pueblo. Su vida cambió a partir de ese descubrimiento y a finales de la década del 40 ganó su primer premio local y, posteriormente, se le concedió una beca para estudiar escultura en Florencia, Italia. En 1955, obtiene el título de profesor de dibujo en la Real Academia de Bellas Artes de Barcelona.
Las primeras exposiciones fueron realizadas en Barcelona, Sabdell y Madrid, y la crítica lo recibió con gran complacencia, tal como puede leerse en las reflexiones recogidas en sus catálogos.
A principios de la década de los 60 regresa a Panamá e inicia su labor docente como profesor de escultura en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, creando así la primera generación de escultores panameños.
Su labor ha sido incesante, ofreciendo al público imágenes representativas de la panameñidad, organizando centros de creación artística, renovando las formas y las imágenes, motivando a las nuevas generaciones en los ritos de la escultura, representando a Panamá en infinidad de concursos y exposiciones.
Un recorrido por la ciudad de Panamá y las provincias centrales nos recuerda con insistencia el realismo y expresionismo de Arboleda. Las figuras son conocidas y logró proyectarles fuerza en el manejo de los espacios, simbolismo en la expresión de los sentimientos, armonía en los contornos.
¿Quién no se ha sentido atraído por su monumento de Alberto Einstein; el busto de Pablo Payito Paredes en el Hipódromo Presidente Remón; el busto del Dr. Jaime de La Guardia en el Hospital San Fernando o el Monumento a San Juan Bosco, el Mausoleo del General Omar Torrijos, el busto del Dr. Belisario Po-rras, de Sara Sotillo, El grillo en la Avenida 12 de Octubre? La lista es demasiado extensa y nos revela un universo de sueños hechos realidad a través de distintos materiales, todos aceptaron los designios del maestro Arboleda, y al hacerlo se convirtieron en símbolos de su universo mágico.
Continúa.