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RESCATE DEL OLVIDO # 525 ROBERTO LEWIS 1874 - 1949

José Morales Vásquez [email protected]

De 1922 a 1928, frisando los cincuenta años de edad, lo encuentra el tiempo cumpliendo otra obra de gran aliento, el palacio presidencial, allí pintó numerosos medallones con las efigies de los presidentes de la Época Republicana, el salón Amarillo y el comedor o Los Tamarindos, obra que concluyó en 1936, ganando mucha fama, admiración y poco dinero.

De 1936 a 1939, el presidente electo, Dr. Juan Demóstenes Arosemena, le encarga la tercera obra monumental, que consistió en decorar el aula máxima de la escuela Normal de Santiago de Veraguas. Logró don Roberto completar e instalar en la embocadura del escenario del aula máxima las telas bellamente pintadas al óleo (me cupo el honor de ser su ayudante y aprendiz), pero el destino no quiso que el padrino de la obra, el presidente Arosemena, inaugurara el inicio de tan valiosa creación del gran Roberto Lewis, quien cumplía el año número 65 de su existencia fructífera.

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De 1940 a 1949, a comienzos de la Segunda Guerra Mundial, el 16 de diciembre de 1939, muere el presidente Arosemena; fueron fechas fatales para Panamá y don Roberto no escapó a esos contratiempos e incertidumbres, circunstancias que lo movieron a suspender temporalmente sus trabajos profesionales para terminar las decoraciones murales de la Normal de Santiago.

Los materiales para pintar se encarecían y escaseaban, las partidas para sufragar gastos estatales se diluían y no había respuesta al solicitar pequeños abonos.

Lo real de todo es que el 18 de septiembre de 1949, Roberto Lewis y yo conversamos, no como colegas, era el alumno escuchando a su amigo y consejero, al gran artista nacional que a lo largo de sus 75 años vividos honrosamente supo ser un guía práctico e inflexible como director de la Academia Nacional de Pintura de Panamá.

Este relato es mi homenaje a tan alta figura de finos quilates que está en lo desconocido desde hace 52 años. Como gesto de respeto y cariño, debo mencionar los nombres de muchos discípulos de don Roberto como lo vienen a ser la señorita Amelia Lyons, la señorita Castillo (madre del pintor Eudoro Silvera), Isidro Arosemena, señorita Hurtado, doña Jacoba, Humberto Ivaldi, Federico Carchieri, Viterbo Ríos, Lilia Chanis, Jesús Vallarín, Leoncio Ambulo, J.M. Ulloa, Castillo Villamil, todos estos coterráneos nuestros escucharon y recibieron lecciones formales de dibujo y pintura apegados al principio casi axiomático delprofesor de Academia que sostuvo hasta el final con célebres frases: “No se puede ser buen pintor sin antes ser un buen dibujante”, “Guiñe, guiñe los ojos y cuando no vea nada, pinte eso”, “Detalles en las sombras”, “Luces frías, sombras cálidas”. Mis recuerdos al gran maestro, quien me inició con el blanco del papel y la sombra del carbón… ¡gracias, don Roberto!

PALABRAS DEL PROFESOR BONIFACIO PEREIRA EN LOS ACTOS FÚNEBRES DE D. ROBERTO LEWIS.

“El Ministerio de Educación me ha encomendado un recado fúnebre.

Debo despedir al más grande de los artistas de todos los tiempos en nuestro Istmo. A don Roberto, el que abriera muchos caminos, que iluminara muchas esperanzas y al que sembró arte en este pueblo nuestro de sensibilidades tardías y un tanto alegórico al mundo emotivo de la ética.

Allí quedan para siempre sus lienzos; su pensamiento y sus obras resistirán la crítica de los capaces y el homenaje de los hombres despiertos que deban sucedernos.

Construyó con la técnica, pero también con su vocación irresistible. Lo combatieron muchos porque solo se combate a los que tienen fuerzas para ingresar enteros a ese mundo sereno de la historia.

Cuán triste es vivir y actuar en un mundo indiferente a nuestras reacciones y a nuestros sueños convertidos en hechos.

La atención que merezcan los trabajos que hagamos para aplaudirlos o para tratar de empequeñecerlos son, precisamente, los premios que reciben los que construyen para todos los tiempos. Vivir sin despertar reacciones de cualquier orden es castigo triste para el alma y la acción. Caminar por estos senderos encontrados con la frente alta y con la fe de las eternidades es construir horizontes blancos.

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