Se impuso la ciudadanía
El anuncio hecho por el presidente de la República, Juan Carlos Varela, de retirar de la agenda legislativa el anteproyecto con el que se pretendía aumentar el impuesto al combustible para pagarles a los jubilados es sin duda una gran victoria ciudadana.
Que no se interprete la decisión del mandatario como una concesión graciosa a la sociedad panameña, ya que hasta el último momento sus más enconados y ardientes defensores se tomaron las pantallas de los medios de comunicación social para defender la impopular medida, a pesar de que la misma iba a contravía de su promesa de campaña en el sentido de que no se crearían más impuestos.
Solo cuando el mandatario vio (o le hicieron ver) que el aumento era una bomba de tiempo a punto de explotar, fue que entró en razón y tomó la medida, que sin duda es un alivio para todos los panameños.
Esto es así porque sin duda, de persistir en el impopular proyecto de tributo, se vislumbraba un caos en todo el país, ya que por un lado era previsible el encarecimiento del costo de todos los productos y servicios, así como las manifestaciones populares que se estaban incubando en distintos sectores ciudadanos.
Con el problema de los indígenas, que han anunciado el cierre de la Interamericana si no se suspende el proyecto de Barro Blanco, al presidente no le convenía que se le prendiera el rancho por distintos frentes, por lo que la medida de retirar el proyecto es la más razonable, pero es también el primer gran triunfo de la sociedad panameña sobre el autoritarismo y demuestra que cuando el pueblo alza su voz los gobernantes tienen que escuchar, ya que, de lo contrario, la ira popular puede tener consecuencias insospechadas.