Sin rumbo
El derecho a la vida es una garantía fundamental que debe proteger cualquier gobierno que se precie de democrático, es por ello que resulta preocupante para todos los panameños, sin distingos de banderías políticas, el aumento de la cifras de asesinatos durante la actual gestión de gobierno, encabezada por Juan Carlos Varela.
Durante el quinquenio anterior, y esto es una realidad objetiva, a pesar de que los detractores de Ricardo Martinelli no lo acepten, las cifras de homicidios disminuyeron, porque se hizo un trabajo en las comunidades con los grupos vulnerables y además se intensificaron las medidas fuertes contra los incorregibles y antisociales.
Sin embargo, lo que hay ahora son asesinatos a diestra y siniestra en nuestros barrios populares y el varelismo no da pie con bola para frenarlos.
Al país se le mantiene entretenido en una suerte de tragicomedia mediática, en la que la novedad del día es saber a qué exfuncionario van a citar en el Ministerio Público, y así llevan a la opinión pública en ese caballito de despiste mientras los crímenes y delitos reales están a la orden del día.
Más temprano que tarde habrá consecuencias para el país, si es que ya no las está trayendo.
Vemos, por ejemplo, como se ha frenado la inversión privada. Hace un año, cada semana se anunciaba que una gran empresa extranjera se había establecido en el país. Ahora ni las moscas.
Las propias cifras oficiales hablan de un aumento de la tasa de desempleo, pese a que hay demanda laboral de más de 100,000 puestos de trabajo en el sector privado y lo más triste es que miles de panameños caerán electrocutados cuando vean su recibo de luz, por obra y gracia del inquilino de calle cuarta de San Felipe.
Sin duda, el Gobierno perdió el rumbo, no piensa ni en la vida ni la seguridad de la ciudadanía, sino como llevar cada día a un exfuncionario del régimen anterior ante los inquisitorios estrados del Ministerio Público jefaturado por la exsubjefa de la sapería presidencial.