Tiempo de mirar hacia adelante

Se cumplieron cuarenta años del golpe de Estado y los uruguayos tienen que aceptar que es imposible avanzar mirando hacia atrás. A diferencia de

Tomado: El Observador / Uruguay

Se cumplieron cuarenta años del golpe de Estado y los uruguayos tienen que aceptar que es imposible avanzar mirando hacia atrás.

A diferencia de tantos aniversarios que son motivo de festejo, los 40 años del golpe de Estado son un amargo recordatorio de culpas de las que nadie está exento y de lecciones que no hemos terminado de aprender.

La dictadura militar carga con el mayor peso acusatorio, no solo por haber formalizado el quiebre institucional en 1973, sino por haber persistido en excesos represores durante muchos años después de la derrota de la guerrilla tupamara. Y el restablecimiento de la democracia en 1985, luego de complejas negociaciones incompletas, pautadas por baches y traspiés, marcó el traspaso del Gobierno militar al poder civil, pero no la pacificación estable que Uruguay necesitaba y sigue necesitando.

Los hechos han quedado atrás, pero no sus consecuencias. Muchos de los protagonistas han muerto. Figuras prominentes de la dictadura están encarceladas y los antiguos líderes guerrilleros están hoy a cargo del Gobierno, comprometidos ahora con el sistema democrático luego de haberse incorporado a la vida política republicana como integrantes del Frente Amplio.

Todos los uruguayos, sin embargo, tienen que aceptar que es imposible avanzar mirando hacia atrás y que solo se lo logra mirando hacia adelante. Es la única forma de asegurar que las fisuras sociales que persisten alejen el fantasma de una fragmentación que no puede repetirse.

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