Total obediencia al Padre
Observamos en el Espíritu Santo como muchos “desarraigados” dicen matarse por servir a Dios, que de hecho es creencia de ellos ser salvos por sus obras, que son para Dios “trapos de inmundicia”.
El único ejemplo válido para los verdaderos cristianos es Jesús: “que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”, Filipenses 2:7-8.
Hay un abismo entre entender que el servir a Dios es ir a las sinagogas de Satanás y guardar ritos religiosos; y la definición cristiana de servir al Padre como lo hizo el Hijo.
La palabra clave es obedecer y obedecer es despojarse de todo propósito personal, de todo pensamiento mundano y de su propia sabiduría; para obedecer a Dios como Jesús.
Los falsos confunden su supuesto servicio a Dios con la satisfacción de sus deseos íntimos de vanagloria, riquezas y logros académicos. Todo el mensaje del Evangelio de Cristo es Espiritual nunca es un llamado a la mundanalidad de las conciencias corruptas por el dinero y los deseos de la carne.
“Os aseguro, hermanos, por la gloria que de vosotros tengo en nuestro Señor Jesucristo, que cada día muero”, 1 Cor. 15:31. Aquí Pablo muere a la carne y sus deseos, todos los días, sufriendo el vituperio de Cristo, para agradar a Dios en Espíritu y Verdad.
Esta es la obediencia a Dios. No es someterse a autoridad humana para blasfemar al Espíritu, no es entregarse a falsa adoración y falsa alabanza de brincos, balbuceos y desmayos de cada domingo en las sinagogas de Satanás. “Porque si vivís conforme a la carne, moriréis; más si por el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis”, Rom. 8:13.
El servir a Dios se hace en verdadera humildad y sometimiento a la Verdad del Señorío de Cristo. Hacer morir los deseos mundanos y someter la carne es una clara señal de la salvación y el nuevo nacimiento en Cristo. Amén.