Venezuela
La crisis política y social por la que atraviesa la nación hermana de Venezuela recuerda mucho a la que nos tocó vivir en Panamá entre 1984 y 1989, cuando los panameños nos levantamos contra una feroz dictadura militar, que bajo la mascarada de un presidente títere reprimía a diestra y siniestra a nuestros compatriotas.
El régimen madurista se tambalea bajo la presión de las masas enardecidas en las calles de Caracas y otras ciudades de la patria de Bolívar.
Hay que estar claro que la crisis que atraviesa ese noble pueblo se gestó como consecuencia primero de los abusos de los políticos tradicionales que dieron paso luego a políticas autoritarias y populistas de un régimen surgido del inicial desencanto popular con las ineficientes instituciones democráticas y los políticos tradicionales.
Debemos vernos en ese espejo. El gobierno varelista tiene que corregir su rumbo, darles libertad a los presos políticos, sacar sus manos peludas de las instituciones de justicia, dejar de amenazar y perseguir a los medios de comunicación críticos e independientes, poner un alto al clientelismo político, tráfico de influencia, justicia selectiva y corrupción rampante.
Lo que vive Venezuela hoy no lo queremos para Panamá, por ello es necesario que el Gobierno corrija el rumbo o el pueblo en las calles le hará saber su descontento.
Frente a la polarización en Venezuela, los ciudadanos de ese país deben tener la madurez para buscar soluciones a su crisis y reconstruir esa nación, de lo contrario, se mantendrá un conflicto permanente sin importar quién ostente el poder.