Y la esperanza no falla
NO HAGAS CASO DE PERSONAS QUE TE DICEN QUE “NO HAY NADA QUE HACER” y que insisten en que “todo está perdido”. Que suman sucesos tristes
NO HAGAS CASO DE PERSONAS QUE TE DICEN QUE “NO HAY NADA QUE HACER” y que insisten en que “todo está perdido”.
Que suman sucesos tristes y negativos, uno tras otro, y con eso dicen probar que “para qué luchar”, que lo mejor es detenerse y rendirse ante las contrariedades de la vida. No hagas caso de tu propio yo, en el que se ha debilitado la fe y te dice: “no seguiré esforzándome, no continuaré la lucha, porque al final siempre fracasaré”. No te dejes aturdir por las noticias negativas de los medios de comunicación, que resaltan de manera obsesiva lo trágico, dando la impresión de que no hay cosas buenas en el mundo. Levanta la mirada y contempla al Dios que tiene todo el poder y la gloria y repítete, “con Dios venceré”. Mantén viva la fe en Él y la esperanza en que Dios no te dejará solo, de que Él vencerá. Espera todo en Él y sigue caminando y cuando caigas, levántate y continúa tu marcha ascendente en busca de la perfección del amor.
“Y LA ESPERANZA NO FALLA, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado”, Rom 5,5. Y Dios es amor, por lo que si vivimos en Cristo que todo lo puede y si Él está con nosotros, Él, que sostiene el universo entero en la palma de su mano y tiene las puertas del cielo abiertas para nosotros, nunca nos abandonará. No tengamos miedo, porque “somos más que vencedores gracias al que nos amó”, Rom 8,37. Recordemos que “los ojos de Yahvé están sobre aquellos que le temen, sobre aquellos que esperan en su amor, para librar su alma de la muerte y sostener su vida en la penuria”, Sal 33,18-19.
ÉL ES EL SIEMPRE FIEL, EL QUE NUNCA FALLA: “Bien sé yo que mi defensor está vivo; y que Él, el último, se levantará sobre la tierra. Después, con mi piel me cubrirá de nuevo, y con mi carne veré a Dios. Yo, sí, yo mismo lo veré…”, Job, 19,23-27. La esperanza nunca falla; gracias a ella nos mantenemos en pie y tenemos la certeza por la fe de que Dios hará su obra, de que transformará lo que era malo y doloroso en algo sublime y maravilloso. Sabemos que para Él nada es imposible y si tuviéramos “fe como un grano de mostaza”, le diríamos a esos montes de desesperación y angustia que se fueran y así harían.
“DEMOS GRACIAS A DIOS, que nos ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. San Pablo dice que “si nos fatigamos y luchamos, es porque tenemos puesta la esperanza en Dios vivo, que es el Salvador de todos los hombres, especialmente de los creyentes”, 1 Tim, 4,10. Por lo tanto, ponga su confianza en el Señor, espere contra toda esperanza, que Él no le fallará, porque con Dios, usted es invencible.