El Vidajena

Por: Redacción -

El pacierazo Parmenio era más pobre que una rata. Tenía mala suerte para todo. Cuando pedía aumento de salario a su jefe, un man bastante cruel, que había constituido una gran empresa, estafando a los empleados, el mandamás lo mandaba bien lejos y lo amenazaba con despedirlo si insistía en jorobarle la paciencia. Cuando Parmenio se enamoraba de un bello paisito, lo despreciaban y hasta se burlaban de él, porque la verdad hay que decirla, el man era feísimo y le caía mal a todo el mundo porque tenía un cuerpo deforme con una joroba y sus dientes eran parecidos a los de un conejo. Se había vuelto calvo antes de tiempo y como si fuera poco, siempre andaba respirando con la lengua afuera, como los perros.

Trabajaba en una oficina refrigerada como aseador y mensajero. En ese lugar había bellísimas secretarias, contadoras y ejecutivas que lo miraban burlonamente y solo le dirigían la palabra para mandarlo a los quioscos

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