El Vidajena

Por: Redacción -


Perlita era una chiquillona bastante inquieta. No estaba con muchos cuadros para vacilar con cualquier man del patio limoso. Ante tal situación, los vecinos no le creían a su buena madrecita, doña Caléndula cuando gritaba a los cuatro vientos que su hijita linda era señorita de verdad, no como hacía ver la tal Heidi que ya tenía su pasado.

Muchos llamaban a Caléndula vieja loca y embustera. Dudaban que Perlita fuera virgen con tantos amiguitos con los que se divertía por las discotecas de Río Abajo al ritmo del regué.

La guial insistía en que tenía mucha fuerza de voluntad y que se resistía a las tentaciones a las que era sometida por los pacieros en esos antros de vicio.

El grupito que jugaba dominó bajo el palo de mamón no le creía ese cuento de la virginidad y lo que hacían era reírse de Perlita y su madrecita que tanto adoraba a su hija y que hacía hasta lo imposible por satisfacer los caprichos de su come arroz los que a veces eran bastante costosos. El vecindario se preguntaba cómo hacía Caléndula para sacar el bille necesario que demandan esos antojos de la chichi. Pues, Régula y Saco e

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