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El Vidajena

Por: Redacción -

La pasierita Odalis había llegado a los 19 años y su conducta indicaba que sería una buena para nada. Desertó de la escuela secundaria cuando iba por el tercer año y se dedicó a la vagancia por el patio limoso. Era muy débil con los hombres. Cuando algún buaycito la invitaba a dar una vuelta de noche por la Cinta Costera, ella aceptaba de viaje porque se le presentaba la ocasión para entregarse al rochin con su galán.

Era huérfana de padre, ya que este doñito era muy aficionado a visitar las cantinas de los bajos fondos y en una ocasión se encontró con una interiorana que, deseando ser gringa, se hacía llamar Lindsay, quien le transmitió el sida y de manera fulminante. No tardó en ir a ocupar una fosa en el cementerio de Amador.

Odalis siempre estaba sola en el chantin porque su mamacita, doña Carcasona, se la pasaba agachando el lomo lavando y planchando en los chantines de la gente rica. Con ese chenchén era que mantenía a su bella hija, porque al César lo que es del César. Odalis es todo un bocado que se disputan todos los buaycitos del patio limoso, pero ella no había decidido cuál sería el

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