Carros vs. motos en Panamá: dos realidades que chocan en las calles
No es una regla absoluta para todos los conductores, pero la dinámica diaria revela dos esquemas mentales y de conducta radicalmente opuestos sobre el mismo asfalto.
En las arterias de la ciudad de Panamá, donde el tranque diario pone a prueba la paciencia del más tranquilo, se libra una batalla silenciosa pero evidente: la de quienes andan en carro contra quienes mueven el país sobre dos ruedas. No es una regla absoluta para todos los conductores, pero la dinámica diaria revela dos esquemas mentales y de conducta radicalmente opuestos sobre el mismo asfalto.
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Por un lado, el conductor del automóvil vive su trayecto dentro de una "burbuja de confort". Protegido por una carrocería de metal, aire acondicionado y radio, su percepción del entorno tiende a ser aislada. Para el automovilista, el espacio en la vía se mide en carriles completos. Su principal molestia es la inmovilidad del tranque y el desespero por avanzar.
Por el otro lado, el motociclista opera bajo una lógica de agilidad, oportunidad y constante vulnerabilidad. Sin una estructura de acero que lo proteja más allá de su casco y equipo de protección, su mente está enfocada en el flujo continuo. Un espacio de medio metro entre dos hileras de autos inmóviles representa para el motociclista la diferencia entre llegar a tiempo a su entrega o quedar atrapado bajo el sol tropical o la lluvia.
La controversia de la 'filtración' de carriles
El punto de mayor fricción en las avenidas panameñas es la maniobra de "filtrar" o circular entre carriles. Para la mayoría de los automovilistas, esta acción es percibida como una imprudencia que genera sobresaltos y riesgo de colisión de retrovisores. Para el motociclista, en cambio, mantenerse detenido detrás de un automóvil en un tranque denso representa un riesgo de ser embestido por el auto que viene detrás.
Desde la perspectiva legal en Panamá, el Reglamento de Tránsito (Decreto Ejecutivo N° 640 de 27 de diciembre de 2006) establece claramente en su artículo 111 que los motociclistas tienen derecho al uso completo de un carril de circulación y prohíbe el tránsito de dos o más motocicletas en paralelo en un mismo carril. Asimismo, el artículo 112 especifica la prohibición de adelantar o rebasar a otros vehículos en el mismo carril que estos ocupan, salvo que se trate de maniobras reglamentarias de adelantamiento utilizando el carril adyacente.
A pesar del marco regulatorio, la realidad operativa del delivery y el mensajérico sobre dos ruedas ha masificado la práctica cotidiana del filtrado, generando un debate permanente entre la fiscalización de la Dirección de Operaciones de Tránsito (DNOT) de la Policía Nacional y la necesidad de movilidad urbana.
Empatía y corresponsabilidad en el volante
El contraste de mentalidades no se limita a la maniobra. También se refleja en el uso de las luces direccionales y los espejos retrovisores. Mientras el automovilista muchas veces cambia de carril sin percatarse del "punto ciego" donde suele transitar una moto, el conductor de dos ruedas con frecuencia asume que ha sido visto, omitiendo la distancia de seguridad obligatoria.
Las cifras de la ATTT y la DNOT reflejan de manera constante que los motociclistas forman parte de uno de los grupos más vulnerables de la vía, junto con los peatones. Un choque leve que para un auto significa un gasto de taller o un rayón de pintura, para un motociclista puede traducirse en lesiones corporales graves o desenlaces fatales.
La convivencia pacífica en las calles panameñas no depende de determinar qué bando tiene la razón absoluta, sino de la educación vial y el respeto mutuo. El conductor de carro necesita recordar la extrema vulnerabilidad de quien viaja en moto y revisar sus puntos ciegos antes de girar. El motociclista, por su parte, debe comprender que las normas de tránsito y los límites de velocidad no son optativos y que la previsibilidad de sus maniobras es su mejor escudo en la vía pública.

