Amor y veneración al sacerdocio

Por: Fundación -

Marcos 6, 7-13

Aprovechando la celebración del Año Sacerdotal, la Fundación Pro-Fe se complace en ofrecer esta reflexión en torno al Evangelio de hoy y como un reconocimiento a nuestros queridos sacerdotes.

Jesús elige a los apóstoles como representantes personales suyos, no solo mensajeros, profetas y testigos.

El evangelio nos relata que Jesús los envió y les dio autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más: ni pan ni alforja ni dinero en la faja...

Dios toma posesión del que ha llamado al sacerdocio, lo consagra para el servicio de los demás hombres, sus hermanos, y les confiere una nueva personalidad.

El sacerdote es un enviado de Dios al mundo para que le hable de su salvación, y es constituido administrador de los tesoros de Dios: el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que dispensa en la misa y en la comunión; y la gracia de Dios de los sacramentos, la Palabra divina, mediante la predicación, la catequesis, los consejos de la confesión. Al sacerdote le es confiada «la más divina de las obras divinas», como es la salvación de las almas; ha sido constituido embajador y mediador entre Dios y el hombre.

Un sacerdote es para la humanidad más valioso que todos los bienes materiales y humanos juntos. Hemos de pedir mucho por la santidad de los sacerdotes, hemos de ayudarles y sostenerlos con la oración y con nuestro aprecio. Debemos ver en ellos al mismo Cristo.

Meditemos hoy junto al Señor cómo es nuestra oración por los sacerdotes, con qué finura los tratamos, cómo les agradecemos que hayan querido corresponder a la llamada del Señor, cómo les ayudamos para que sean fieles y santos.


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