Barú y el efecto cubano
Mientras el Gobierno se entretiene en cómo tratar de zafarse del embrollo en que los metió la firma Mossack Fonseca con los benditos papeles de Panamá, la situación parece salirse de control en la provincia fronteriza de Chiriquí. Todo por el problema de la paralización económica del Barú y la bomba migratoria de los cubanos.
El pasado miércoles, cientos de panameños salieron a protestar en Paso Canoas para solicitar más agilidad al mandatario de turno por los pocos o nulos avances en la negociación con la empresa Del Monte, la cual negocia desde hace rato un acuerdo con los chiricanos para reactivar las plantaciones, tras la salida de la Chiriquí Land Company el siglo pasado. La paciencia de los baruenses llegó al límite debido al hambre y la desesperación que reinan en la zona.
Paralelamente a esta manifestación, en momentos en que las autoridades emprendieron un operativo para despejar la Interamericana bloqueada por los chiricanos, una marejada de inmigrantes cubanos aprovechó para cruzar la frontera con Costa Rica. Más de mil personas realizaron un tropel en las aduanas ticas, lo que provocó el caos en la zona. Hasta el presidente costarricense, Luis Guillermo Solís, tuvo que intervenir para reforzar la presencia policial.
Empero, tanto en el problema del Barú como el de los inmigrantes cubanos hay mucha responsabilidad del Gobierno panameño. ¿Cómo es posible que no se hagan esfuerzos denodados para permitir que una transnacional opere en las antiguas bananeras de Puerto Armuelles, so pretexto de que la misma tiene muchas exigencias para iniciar operaciones? ¿Acaso no hay otras alternativas? La respuesta del ministro varelista fue tajante: esto es un movimiento político y busca desestabilizar la zona. Por favor.
En cuanto al tema cubano, Panamá ha asumido una postura blandengue frente a la oleada de ciudadanos de la isla caribeña. Ni Colombia, Ecuador o Venezuela ponen de su parte para detener a los inmigrantes, mientras que los ticos, nicas y mexicanos nos cierran sus fronteras. Por lo menos, en San José están claritos con el problema: tanto Cuba como Estados Unidos son responsables directos de esta situación. La Ley de Ajuste Cubano gringa y el poco importa de La Habana nos tienen en este embrollo.
Lo que ocurre hoy en el Barú, también sucedió en 2010 y 2013, cuando por culpa de la ley chorizo y el dilema de Barro Blanco, se rebelaron las fuerzas sociales. Y ahora le tocará su parte al gobierno varelista enfrentar la crisis inminente si no se amarra bien los pantalones. El pueblo chiricano tiene hambre y quiere soluciones inmediatas al estancamiento económico.
Larga vida y prosperidad para todos. Saludos, amigas y amigos...