La LPF, ¿sucia y peligrosa?
Me causa dolor, pena ajena, vergüenza; en este momento tengo una disfunción cognitiva, mi conciencia, la razón y mi amor por el fútbol tienen una lucha, sigo sin entender, sin poder soportar y aguantar tanta basura que ha salido debajo de la alfombra. La Liga Panameña de Fútbol (LPF) está sacudida y vive una etapa de las más nefastas de toda su historia desde que arrancó como Anaprof en 1988.
Era un secreto a voces que en los partidos de la LPF los jugadores estaban echando el “culo pa' tras”, entraban condicionados a un resultado, para favorecer una apuesta; dicho más simple, estaban tratando con el chantaje por dinero, perpetrando el llamado amaño de partido.
Después del tráfico de drogas, el fútbol es el negocio más peligroso del mundo. Cuando el empresario colombiano Libardo Vélez, de Interforever Inc., en una calurosa conversación me dijo esta frase, la comprendí y solo la vinculé con los "carteles de Cali y Medellín".
Con el transcurrir del tiempo, fui testigo de cómo el lado oscuro de la fuerza fue consumiendo el origen de esta disciplina, ideada y fundamentada en la nobleza de las universidades de Inglaterra.
Casos sonados que llenaron de incertidumbre: el “Calcio Poli” en Italia, en el 2006, la vieja señora fue descendida por primera vez en su historia a la "Serie B" y les quitaron los scudettos del 2004-05 y 2005-08 por estar vinculados a resultados arreglados.
Más cercanos a nosotros, en Guatemala, los jugadores Guillermo “Pando” Ramirez, Gustavo Cabrera y Yonny Flores, en el 2012, arreglaron partidos, incluyendo una derrota ante Venezuela 2-0; fueron suspendidos de por vida, con extensión internacional de FIFA.
Aquí, los primeros en dar las campanadas al vuelo fueron: el portero del Alianza FC, Kevin Melgar, quien dijo “nunca vendería mi dignidad”, frase anunciaba al término de un partido, en el Artes y Oficios; una gran cantidad de dinero le habían ofrecido para que su arco fuera vulnerado; él detuvo un penal y acabó con el “parley”. Aquel 1.º de marzo del 2022, presentaba la denuncia a Fepafut.
Otro en denunciar este flagelo que avergüenza a la pelota fue “Sir” Gary Stempel, que, guardando su investidura de caballero, a pie de cancha en el “Muquita”, explicaba los contrastes del desaparecido Atlético Chiriquí, que con el CAI lució entregado totalmente, con el arco abierto, y contra él y el Sanfra, entraron como fiera, con cuchillos entre los dientes, el 14 de agosto de 2023.
Y más asombrado quedó Julio Dely Valdés, gloria nacional, quien dirige a Sporting San Miguelito, por una acción del portero mundialista Joseph Calderón, que sin reflejos mete la bola en su arco y que provocó el enojo de su compañero Gustavo Herrera, que sin permiso abandonó el campo y luego en redes sociales lo inculpa de venduta.
No puede ser que todo está podrido, más allá de que se tiene que guardar la presunción de inocencia, mientras seguimos aterrados y secuestrados. Lo bueno es que tanto la LPF como el mismo club Sporting San Miguelito, en sendos comunicados, han anunciado que iniciarán las investigaciones respectivas.
Nada justifica la trampa, pero ya también es tiempo de revisar el “fair play financiero” o “tope salarial”; nuestros primeros protagonistas, los futbolistas, están llenos de necesidades, con pocas oportunidades. Son muy afectados; con esos ínfimos salarios, les sirve para poco y sus angustias los hacen caer en errores.
Paremos todo, esta fábrica ha originado un producto defectuoso; debemos comenzar a enfatizar este tema desde las escuelas del fútbol para prevenir y blindar nuestra Selección Nacional, que está sana y salva, prístina en estos malos manejos.
Entendemos que es un tema muy peligroso, que involucra a mentes macabras y que hay varios "eruditos" que están escondidos, pero no podemos seguir permitiendo que este virus acabe con todo, que la FIFA intervenga y nos borren del planeta fútbol.
Estamos vulnerables: aficionados, dirigentes, jugadores, técnicos, periodistas; ahora es cuando todas las fuerzas vivas del fútbol panameño se deben pronunciar, tratar de extirpar de raíz este mal que afecta, caiga quien caiga, y buscar esa integridad que es necesaria para volver a la normalidad y la credibilidad, porque la pelota nunca se mancha.
