Bonita cara y mal aliento
La Ley de contrataciones públicas hecha a la medida de Odebrecht terminó de desnudar a Juan Carlos Varela y su gobierno. Sin ningún pudor o disimulo nos mostraron su “yo” interior, una reveladora radiografía de su cuerpo podrido escondido bajo un pelaje sedoso y bien acicalado. Ellos mismos destaparon la cañería de corrupción que son, porque ya los músculos estaban exhaustos del constante esfuerzo de poner carita de yo no fui. Más pudo la sed por el dinero fácil que cumplir con sus promesas de campaña.
Como siempre los panameñistas tienen bonita cara pero mal aliento. Me recuerdan la historia francesa de la higiene en Versalles, uno de los palacios más lujosos del mundo, pues detrás de tantos modales, pelucas, esencias y polvos se escondían malos olores y actos tan desagradables como orinar o defecar en los pasillos. Una combinación de lujo y mal olor. Así son ellos, la élite panameñista tiene un buen lejos, pero si te acercas mucho su hedor a corrupción es insoportable. Esa peste es contagiosa y aunque se la traten de sacudir, MOVIN es portador de ese aroma al mejor estilo de Pepe le Piu; eso no se quita con agua y jabón… ni Clórox. Para disimular su hediondez, nuestra distinguida societé civilitérocía comunicados cuales fragancias de primavera actuando sorprendida, indignada, asqueada, pero ya nadie se traga ese bocado manido. Sabemos que ninguno va soltar la voluptuosa teta del Estado, de donde emanan las deliciosas mieles de nombramientos y contratos. Ellos intentan mitigar el tufo con tweets Dolce & Gabbana pero con el calor y la sequía que ha hecho, ese astringente solo les acentúa el mal olor.
Yo entiendo y por eso no critico a la Primera Dama cuando dijo ante las cámaras que la corrupción había desaparecido, pues como han perdido el olfato, no se huelen y entre pestilentes no se distinguen. Bien lo dijo Luis Sepúlveda que “El tigrillo capta el olor a muerto que muchos hombres emanan sin saberlo”.
Tengo una combinación de satisfacción e indignación. Satisfacción porque Martinelli siempre advirtió sobre el verdadero olor de Varela, por algo lo botó de su gobierno. La historia le ha dado la razón más temprano que tarde. Indignación porque son estos los malolientes que, enarbolando la bandera de la decencia, le han causado un daño irreversible a Ferrufino, De Lima, Osorio, Bolita, Mulino, Martinelli y tantas familias CD. Dios está tomando nota. Recuerda, la próxima vez que alguien de la realeza panameñista se te acerque, tápate la nariz.
¡2019 en vue!