Burda maniobra
Redacción
Ante el rechazo ciudadano del maquiavélico proyecto de reformas electorales, que en el fondo lo que pretendía era engrosar las bancadas panameñistas y perredistas a costa de sacrificar a los diputados del opositor Cambio Democrático (CD), es necesario hacer un balance del papel jugado por el magistrado más notoriamente político del Tribunal Electoral: Erasmo Pinilla.
Aun a sabiendas de que la propuesta no era de la Comisión de Reformas Electorales, que debe activarse luego de cada elección general, Pinilla, alegremente, avaló la propuesta del diputado perredista Pedro Miguel González de modificar dos artículos del Código Electoral, con el fin de eliminar las elecciones en los procesos de impugnaciones de proclamaciones a diputados, otorgándole la credencial al que quedara en segundo lugar.
La maniobra era tan burda, que la llamada sociedad civil, a veces despistada en sus objetivos, se dio cuenta de que apoyar semejante adefesio sería respaldar un fraude jurídico, ya que a la postre los únicos beneficiados serían los diputados perredistas y uno que otro panameñista.
La audaz e inmoral iniciativa era de carácter retroactivo, pese a que el proceso electoral no ha terminado hasta que se resuelva la última impugnación.
En esta ocasión fueron la propia sociedad civil y sus voceros los que le arrancaron la careta a Pinilla, que con su inicial apoyo a las reformas buscaba darle un aire a su antiguo partido, totalmente desmembrado por luchas internas.
Una vez más queda al descubierto el doble discurso del magistrado político, que con sus actuaciones se ha convertido en un peligro para la democracia. El archivo del proyecto era la única salida que tenían los aliados del PRD y panameñismo para salvar algo de cara ante la evidente maleantería política.