Clase política parasitaria
La Asamblea Nacional tiene un mes de estar paralizada, tal como lo denunció una diputada en el hemiciclo, todo porque en el seno de la bancada oficialista se desarrolla una feroz lucha entre facciones por el control de la Comisión de Presupuesto.
Para los que no lo saben, el control de esta comisión da a quien posea la presidencia un poder casi omnímodo, ya que le permite influir sobre cualquier otro órgano del Estado, en virtud de que es la que autoriza el presupuesto y traslados de partidas del gobierno.
Es así que producto del “muñequeo”, negociones y torcedera de brazo, “acuerdos de gobernabilidad,” dicha comisión ha quedo en manos de los panameñista, pero éstos a lo interno han desatado una lucha por ver quién la controla.
Es triste y deprimente el espectáculo que brindan al país diputados que se apuñalan mutuamente, se califican de “traidores”, llegan incluso al insulto y la diatriba personal, todo en su afán de hacerse con el control de la comisión de marras.
En medio de esta lucha por el control, pierde la sociedad panameña, ya que la pugna pone al descubierto el carácter corrupto y parasitario de la clase política panameña, que ha paralizado todo un órgano del Estado, por una lucha de poder mezquina y avara.
Ya antes en la elección de la actual directiva del Organo Legislativo, el Ejecutivo provocó la traición de diputados de Cambio Democrático y del PRD a las directrices de sus partidos, para apoyar al abanderado del oficialismo.
La política, concebida como un vulgar combate por sinecuras y canonjías, refleja el nivel de inmadurez de nuestros hombres y mujeres de Estado, que no piensan en hacer leyes en beneficio del país, sino en sus muy particulares intereses.
La imagen de la Asamblea Nacional se deteriora cada vez más ante la sociedad panameña. A cada rato se les ve sumidos en toda clase de escándalos, que han llevado a muchos ciudadanos a plantearse la conveniencia de clausurar ese órgano inútil.
Señores diputados(as) por el bien del país: ¡cambien su conducta!