Costo político
Hay dos situaciones relacionadas con los llamados papeles de Panamá, que definitivamente representan un lastre político para el actual gobierno, la primera, que Ramón Fonseca Mora, quien está en el ojo de la tormenta fue hasta hace poco el presidente encargado del Partido Panameñista, en el poder, y la otra, el Gobierno no ha emitido un comunicado contundente en el que se distancie de la cuestionada firma Mossack Fonseca.
El panorama se le complica más a la facción oficialista, debilitada por su falta de respuestas a las demandas de la población, con el surgimiento de la figura de José Raúl Mulino, quien se perfila como una figura unificadora de las fuerzas de oposición política al actual gobierno.
Es un hecho que el actual régimen no tiene oposición, por un lado, el Partido Revolucionario Democrático (PRD) mantiene un apoyo apenas disimulado a Juan Carlos Varela y, por otro lado, el partido Cambio Democrático (CD), a pesar de hacer oposición, está bajo el fuego inclemente de la persecución y los carcelazos a sus principales dirigentes.
La negativa del presidente Juan Carlos Varela a distanciarse públicamente de su amigo y copartidario Fonseca Mora lo hace parecer como indiferente al escándalo que ha puesto, por lo negativo, el nombre de Panamá en boca del mundo entero.
Con Mulino teniendo más libertad de acción, a pesar de la medida cautelar de impedimento de salida del país, no dudemos de que el CD se va a revitalizar como una pujante fuerza opositora que va a capitalizar el aislamiento del gobierno varelista con su inacción frente al escándalo de las sociedades “off shores”.
Muy equivocados están quienes piensan que el mero paso del tiempo disminuirá las consecuencias políticas del aislamiento de las huestes oficialistas del resto de la sociedad, al contrario, conforme transcurran los días, saldrán más elementos negativos que contribuirán a galvanizar una poderosa fuerza de oposición, tal vez, con Mulino a la cabeza, lista para ganar las elecciones del 2019.