Decepción
L a secretaria dijo: “No lo vi en la marcha de protesta de hace unos días. ¿Usted antes no asistía a esas marchas?”. Contesté que sí, y expliqué: “Yo luché para tumbar una dictadura militar y que Panamá tuviera democracia. Expuse mi vida y bienes, ahora no voy a luchar para afectar una democracia. En esta época el pueblo elige en libertad a sus dirigentes”. Horas después quise que un conocido leyera mis escritos y él contestó que no veía periódicos ni ningún noticiero de TV, ni oía radio. Recordé que años atrás este señor me habló de la decepción que tiene por algunas cosas negativas que suceden en esta democracia. “¿Para esta politiquería sufrieron y peleamos tantos panameños?”.
No pude sacar al amigo de su decepción. Comprendí que yo también estaba decepcionado con realidades ocurridas después de la caída de la dictadura. Por mi mente pasó aquella frase que señala que la democracia es el único sistema de gobierno que permite el desarrollo de sus enemigos. Mi mente se fue por el “túnel del tiempo”. Traje a la memoria la vergüenza que pasé al tratar de explicarles a unos extranjeros cómo había ganado la presidencia uno de los que defendió la narcodictadura. Los únicos argumentos eran: Los que lucharon en la Cruzada Civilista tenían diferencias políticas, económicas y sociales. Al ser derrocada la dictadura, cada quien comenzó a defender sus intereses… Por eso se dividieron y permitieron que el partido de los militares dictatoriales PRD llegara al poder, al terminar la administración de Endara (q.e.p.d.).
La otra explicación señalaba que durante 21 años de dictadura mucha gente se benefició y ellos deseaban que volvieran los viejos tiempos, por eso votaron por el candidato del PRD. La frase “este pueblo es PRD” volvió a tener éxito para llevar a la presidencia nada menos que al hijo del dictador Torrijos. No quise dar explicaciones a extranjeros asombrados por esta situación. Nada más me quedó señalar que “los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”, aunque creo que los panameños no merecemos tantos hechos negativos.
Tal vez esto suceda porque somos un pueblo “alegre y confiado”. Se nota en la cantidad de compatriotas que están sumando y restando para conseguir el dinero de los Carnavales. Imagínese que una publicidad para atraer turistas dice que “somos un país en fiesta” (¡!).