Delitos de cuello blanco
No dejan de salir a la luz más hechos delictivos a los que se asocia a la firma Mossack Fonseca, hasta en el lejano continente africano hay noticias de la cuestionada firma.
Se trata de Sudáfrica, donde se investiga una estafa millonaria del grupo Fidentia a más de 60 mil personas, incluidas las viudas y huérfanos de mineros beneficiarios de un fideicomiso que controlaba esa entidad.
Los “Panamá Papers” señalan que Graham Maddock, uno de los convictos por el fraude, hizo un pago al bufete panameño Mossack Fonseca, centro del escándalo sobre transacciones financieras turbias.
Con tantas denuncias internacionales, no hay duda de que estamos ante lo que los expertos en criminología y derecho penal denominan “delitos de cuello blanco” un tipo especial de transgresión a la ley, en la que la codicia y poder, así como el absoluto desprecio a las víctimas, es el denominador común.
El delincuente de cuello blanco no es menos peligroso que el maleante común y corriente, ya que su índice de maldad es superior al utilizar su conocimiento, experticia parar a birlar a grupos enteros.
Si observamos las sociedades constituidas por la firma panameña, no solo se utilizaron para esconder fortunas mal habidas, fueron usadas para el despojo de bienes a grupos enteros o fomentar actos de piratería económica.
El delincuente de cuello blanco tiene una mezquina motivación en su accionar, el enriquecimiento a costa del engaño sin importar el perjuicio que ocasiona a la colectividad.
Basado en esto, la procuradora Kenia Porcell, si quiere que la ciudadanía confíe en el Ministerio Público, debe actuar rápido, decretar medidas cautelares personales y reales para impedir la fuga de los involucrados.