Desastre
Redacción
Cada vez que avizora en el horizonte una nueva amenaza de huelga de los operadores del metrobús, la población tiembla, y este temblor no es solo de miedo ante el evento de llegar tarde a sus trabajos y a que los jefes les descuenten el salario, es también de indignación ante la incapacidad del actual gobierno de dar los primeros pasos para solucionar el problema del transporte en el país.
Es por ello que resultan indignantes, por decir lo menos, las recientes declaraciones de altos funcionarios que cándidamente reconocen que el Gobierno ha incumplido con la población panameña en materia de transporte.
La falta de supervisión a los llamados busitos piratas que abusan de los usuarios que por necesidad y urgencia tienen que hacer uso de este transporte nada seguro, la indefinición del destino final de la empresa que administra Mi Bus y de su personal son, entre otras, las situaciones que tienen entre tres y dos a los usuarios que diariamente deben tomar estos buses para viajar a su trabajo y hogar.
Los operadores del metrobús se han convertido en una fuerza a tomar en cuenta, pero sobre todo en una pesadilla tanto para la comunidad como para el Gobierno, que ya cedió ante ellos.
Ahora, ante la incapacidad gubernamental, claramente reconocida, la gran idea es que el Estado, tradicionalmente pésimo administrador, asuma el control del transporte cuando ni siquiera es capaz de barrer las zonas pagas.
Al final, los usuarios tendrán que enfrentar esta pesadilla sin que burócratas del Gobierno logren solucionar el fondo del asunto. ¡Qué desastre!