Fantasma castrense
La designación por parte del presidente de la República, Juan Carlos Varela, del militar Alexis Bethancourt, como viceministro y ministro encargado de Seguridad, genera más dudas e interrogantes que tranquilidad ciudadana y revela una clara inclinación del mandatario ante las posturas autoritarias, lo que va a contravía de la historia del panameñismo.
La designación del militar es un claro signo que los uniformados están escalando posiciones de poder a lo interno de la administración y se suma a otros uniformados –que ahora visten de saco y corbata- quienes están conquistando posiciones prestantes en estructuras sensitivas del país.
El artículo 310 de la Carta Magna panameña es claro: “Panamá no tendrá Ejército”, lo que no ha sido impedimento para que militares controlen aspectos importantes de la administración pública como el Consejo de Seguridad, Migración, hasta hace poco la Unidad de Análisis Financiero (UAF), entre otras.
Los militares históricamente fueron enemigos del panameñismo mitológico, así lo confirman los hechos del 10 de mayo de 1951 y 11 de octubre de 1968, donde la institución castrense derrocó a gobiernos panameñistas y les impuso la muerte y el exilio a los luchadores democráticos.
El mandatario debe pelar el ojo y no alinearse con pensamientos militaristas caducos, tal como sucedió recientemente cuando mandó un mal mensaje al país al anunciar su operación Escudo, rodeado de elementos en arreos de combate. Ahora profundiza la confusión nacional al abrirle más espacios a los uniformados.
Mientras se dan estos coqueteos, el país sigue sumido en la delincuencia y criminalidad que golpea a todos los ciudadanos, ante un Gobierno que, al parecer, le apuesta al autoritarismo y abusos que no resuelven nada. Los militares tienen un gran problema: solo cumplen órdenes, pero eso parece encantarle a un mandatario lleno de rencor y aislado del apoyo popular.