Fritas
Este fin de semana largo del Día del Trabajo, el famoso Cholito Mesero del viejo café de Santana, quiso hacer algo diferente. Estaba cansado de una ciudad llena de bullas, basuras y tranques. Por eso se entusiasmó cuando leyó que iba haber dos "días verdes" en Volcán, Chiriquí. Marchó solo pensando en las cosas positivas que encontraría en ese sitio. El sábado pasado se puso una brillante camisa de verde limón para estar en ambiente. Recorrió los diferentes puestos de la feria. Escuchó charlas de reciclaje y de la importancia de sembrar árboles. Se comió un "mono", plato típico de esta región, que era arroz con frijoles, tajada y un muslo de pollo, envueltos en hojas verdes.
Estaba contento con el fresco, la hermosa vista del volcán Barú, cuando notó un grupo de indígenas. Al acercarse se enteró que un dueño de una finca de papas en Cerro Punta buscaba trabajadores para cosecharlas. Como interesado que es por la plata pensó el Cholito que sería bueno ganarse una extra en estas cortas vacaciones. Rodeado por más de diez campesinos lo llevaron de pie en un camión hasta lo más alto de una montaña de Cerro Punta, donde siembran papas. Como no sabía nada de cosecharlas se enteró que podía hacer varios trabajos allí. Comenzó por meter las manos en la tierra, para sacar con cuidado las papas.
Lo primero que sintió el bellaco mesero de la capital fue un sol fuerte, que lo hizo sudar a pesar del viento fresco que había. Llevaba casi una hora sacando papas de la tierra cuando le dio un fuerte dolor de espalda por estar agachado. Casi se queda sin aire porque en la nariz tenía polvo de tierra. Sintió un mareo y alguien le dijo que estaban tan alto que no había mucho oxígeno. Buscó otro trabajo que pensó era más fácil. Se fue a regar abono orgánico en la tierra. Metió las manos en un saco y sacó una mal oliente mezcla. La fue echando en la tierra con las manos sin guantes y tampoco una mascarilla para evitar el mal olor.
Al decirle un compañero que el abono era de caca de gallina, casi vomita el "mono". Se puso a cargar los sacos de papas para llevarlos a un camión. Pero su cuerpo no era adecuado para este tipo de trabajo. Al contarme esto todavía le hedían las manos. Dijo que después de esa "experiencia extrema de recolector de papas, ahora sí sabía lo que era “fregarse” para conseguir un plato de papas fritas".