Harakiri político
Redacción
Harakiri, con este nombre se conoció en el Japón imperial el suicidio ritual por honor de un samurái, sin embargo, en Panamá, lo que estamos viendo es el espectáculo de la muerte voluntaria de la clase política panameña, por sus prácticas viciosas y la poca credibilidad que tienen ante la sociedad.
Como dicen coloquialmente nuestros compatriotas, los políticos criollos han encendido el ventilador y de lado y lado se tiran excretas como si intercambiaran saludos.
Estos señores, no se dan cuenta el daño que le hacen al sistema democrático, ya que con estas deleznables prácticas no solo descalifican al adversario, sino a ellos mismos, porque van sembrando en el ánimo ciudadano el rechazo, la repulsa y la incredulidad a todo lo que tenga que ver con política.
Este harakiri que no conoce banderas, está creando un clima moral de incredulidad y juega vivo, ya que la política está pasando de ser un servicio público a convertirse en un mecanismo para servirse del público, es decir del pueblo y los electores que confiados le dieron el voto.
Los políticos, deben hacer un alto y reflexionar sobre su conducta. ya que están bajo el escrutinio público y si siguen en esta actitud, lo que van a lograr es que la población busque soluciones radicales o recetas exóticas e importadas que no han dado resultados en sus países de origen.
Estas recetas extrañas a nuestra idiosincrasia terminan imponiéndose cuando los pueblos se asquean del gobierno.
Los políticos deben tener mayor responsabilidad; ser serios en sus planteamientos y evitar las actitudes que hacen daño al sistema. Los que tengan alguna denuncia que la interponga ante las agencias de instrucción, pero que no se pretenda hacer de la gestión del gobierno una rosario de denuncias ante los medios de comunicación, pero que a la postre no terminan en nada, salvo para el rating del momento.