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¿Hay interés de cambio?

"Empezar un gobierno distraído en paros, marchas, demandas impagables es, reitero, insistir en lo viejo y fracasado del modelo jurídico-político actual".

Por: Por: José Raúl Mulino / Exministro de Seguridad -

El Presidente de Colombia César Gaviria Trujillo en 1991, al clausurar las sesiones de la Asamblea Nacional Constituyente de Colombia, se refirió a una frase del expresidente colombiano Alfonso López Pumarejo, a propósito del significado de la nueva Constitución: "es la liquidación amistosa del pasado", esa "cancelación cordial del peso abrumador de rencores y prejuicios".  Recordemos de dónde venía Colombia en esas fechas y qué motivó ese escenario político de altura y de rectificaciones.
Hago esa reflexión por la genuina preocupación que siento y percibo respecto del momento actual, preámbulo de un cambio de gobierno en pocos meses.  Me preocupa aún más la frivolidad con que se aborda el escenario por parte de muchos que aspiran a dirigir y otros que tratan de dirigir tras bambalinas. Hablan de los problemas, en desorden, sin  prioridades, sin planes para abordar soluciones. La opinión pública parece ser orientada por eslóganes superficiales y lejos de las causas y de las reales o posibles soluciones.
No se cuántos leen mis escritos.  Aquellos que lo hacen, pueden dar fe del énfasis que he venido poniendo por años en la necesidad de cambiar de raíz, de manera incluyente y democrática a través de una Constituyente como método para darnos una nueva carta política. De allí se parte. No encuentro una sola razón de peso que justifique no hacerla.  La más frecuentemente dicha es que un nuevo gobierno debe empezar a reactivar la economía y a generar confianza.  Que elegir constituyentes demoraría las soluciones y generaría incertidumbre. Algunos entendidos ya mencionan que posiblemente se tendrán que hacer ajustes para frenar el gasto y demostrar austeridad, mientras se empieza a dinamizar todo. Sin embargo, ¿está el sistema apto para seguir adelante volteando la mirada y precisando soluciones a base de "cambios puntuales"? Sinceramente no lo creo, no lo percibo así. El próximo gobierno, si de verdad va a cambiar cosas, cuidado que ni luna de miel tendrá.

La Constituyente da legitimidad a quienes harán el cambio. Los elige el pueblo.  Mientras, el nuevo gobierno puede iniciar en paralelo su gestión. Hacer la nueva Constitución no interfiere con el gobierno. Es más, aleja al gobierno de la Asamblea Nacional para estos menesteres porque no es ese Órgano del Estado el que tendrá la capacidad de interferir en semejante tarea. La próxima Asamblea Nacional no será muy distinta a la que hoy existe. No creo que la campaña de no a la reelección cobre muchas víctimas. Por ello, salvo un milagro, será la misma Asamblea. Esa excusa de decir, respecto del proceso constituyente, que sabemos cómo empieza y no cómo termina, es una manera algo cobarde de liderar el cambio que se requiere. Total, ahora tampoco sabemos hacia dónde vamos ni cuándo  llegaremos ni adónde.

En el camino, se pueden trasladar a ese debate la confirmación y elección futura de la Corte, la autonomía a un nuevo sistema de salud y de agua, eliminar privilegios como la reelección y los fueros, elevar el nivel de la Asamblea, rediseñar el Poder Popular con real descentralización, planificar la transición del sistema a través de disposiciones transitorias que vayan de inmediato implementando  los cambios que se han aprobado, entre otros.  El Ejecutivo deberá aportar un borrador, como se hizo en 1946, en un ejercicio que tiene hoy plena validez.  Lo digo porque lo he estudiado a fondo y leído sus actas.  Es no temerle al cambio real por el cambio mismo.

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El que no se de cuenta del agotamiento que sufre el sistema es porque es un iluso, por no decir otro calificativo. Hice un esfuerzo grande por llevar estas ideas durante las primarias de mi partido.  "Ganó" el clientelismo, como en los demás colectivos. Ahora bien, ¿podrá ese clientelismo colmado de corrupción e impunidad ser garante de una real transformación?   Basta ver los goles que metieron a la ley del presupuesto, y que bien hizo Varela en vetar parcialmente, para darnos cuenta de que lo que menos desean es cambiar de raíz.

En fin, cumplo con mi deber ciudadano de advertir, desde mi perspectiva, lo fallido que puede resultar en el tiempo el relevo presidencial que se avecina. Empezar un gobierno distraído en paros, marchas, demandas impagables es, reitero, insistir en lo viejo y fracasado del modelo jurídico-político actual.  No creo que la realidad en el tiempo lo resista mucho más.

¡Mientras, el reloj sigue su marcha y cada día que pasa es uno menos de todos ellos allá!
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