I saac Leonardo BenÃtez 1927 â 1968
Continuación del artÃculo: Isaac BenÃtez o Simplemente el Dolor. Por: Bonifacio Pereira Jiménez. Ha hecho bien, muy bien, A. HerrerabarrÃa ya como director de la
José Morales Vásquez | Investigador de Arte
Isaac BenÃtez creció atormentado. Vivió atormentado. Su vida fue una frÃa dosis de dolor y un manantial insaciable de tristeza.
Continuación del artÃculo: Isaac BenÃtez o Simplemente el Dolor.
Por: Bonifacio Pereira Jiménez.
Ha hecho bien, muy bien, A. HerrerabarrÃa ya como director de la Escuela Nacional de Artes Plásticas, ya como artista, organizando y bordando con sus compañeros de trabajo esta exposición.
Y nos deja él y sus compañeros a los que ahora vivimos y a los que han de sucedernos, un (sic) sÃntesis de la vida de Isaac BenÃtez en este artÃstico catálogo.
Conocà a Isaac BenÃtez en los albores de su adolescencia. Lo traté Ãntimamente. Guardo todo lo que se escribió sobre él y una breve carta que mandó un dÃa siendo yo director de la Biblioteca Nacional y con motivos de una exposición retrospectiva que me di el gusto estético de organizar en septiembre de 1950.
Cuando veÃa a Isaac, cuando pensaba en él, cuando me lo llevaba a mi casa a cenar o a almorzar inventando siempre un pretexto para que me dijera que âNOâ, veÃa con mis limitadas luces estéticas la Sala de los Impresionistas Franceses en el Museo de Louvre y muy especialmente a Gauguin el desesperado, el que vivió en Panamá en los años en que se construÃa el Canal Francés, y el que huyó a Tahità cansado de su propia rebeldÃa. Y pensaba, sÃ, pensaba hondamente en Vicente Van Gogh el loco que tocó horizontes inalcanzables entonces. Y se lanzó a la descomposición del color, esa en que se abre él compacto y sordo. Con su cabeza llena de girasoles y poco después de haber pintado su casa con su color delirante gritó estridentemente: ¡ âEl Amarillo!â - ¡El Amarillo! Muchas veces, varias veces sorprendà a Isaac BenÃtez con la biografÃa del inmenso holandés.
BenÃtez creció atormentado. Vivió atormentado. Su vida fue una frÃa dosis de dolor y un manantial insaciable de tristeza. Buscaba la luz, buscaba la paz, y solo se asomaba en su camino de crepúsculo la miseria, las penalidades, las desilusiones⦠no odiaba a nadie. Es que no tenÃa tiempo ni fuerza ni alma arrugada para esas cosas feas y agrias y amargas. Adular, pedir limosna, arrodillarse para llegar a las cimas como lo hacen los izquierdos por ambos costados, jamás fueron armas de su predilección. Isaac BenÃtez es un caso sicológico digno de un estudio de un psiquiatra cultÃsimo.
Me avergüenza lo que voy a decir, pero debo decirlo: La profesora Doña Otilia Arosemena de Tejeira y el autor de estas lÃneas que brotan del fondo mismo de mi alma, casi que nos hicimos cargo de la vida fÃsica del pintor.
Doña Otilia lo engañaba pidiéndole que le pintara su casa veraniega en Las Cumbres y allá nos Ãbamos en la grata compañÃa de la profesora Rosalina Sáenz⦠BenÃtez pintaba las paredes y a la hora de almuerzo y de la cena hacÃa descansos y comÃa lo que noblemente se ganaba... yo hacÃa cosas parecidas en mi apartamento de calle 47 y en mi casa de la 92 de San Francisco de la Caleta. Y un dÃa que lo invité a un almuerzo simplemente a charlar me hizo un pequeño retrato que guardo amorosamente porque sin decÃrmelo me dijo: âEste es el valor de las viandas. Mi plumilla en este caso es mi moneda.â
A Isaac BenÃtez lo explotaron muchos arrebatándole sus dibujos y sus lienzos hasta por simples monedas fraccionarias. Un dÃa, en plena avenida Central le pegó a un joven que nada le habÃa hecho y se lo llevaron a la Cárcel Modelo. Su hermano, a quien no tenÃa el gusto de conocer me llamó por teléfono para darme la noticia... me fui a la Modelo y conversé con el comandante Flores y le hablé del artista. El comprensivo comandante me lo entregó.
Pero allà no debÃa terminar mi gestión, BenÃtez estaba enfermo y era indicado que un psiquiatra lo viera en el Retiro. Y el Dr. Sergio González Ruiz, ministro de Previsión Social en esos dÃas comprensivamente me dijo: âHe ordenado por teléfono que le tengan un cuarto al pintor y puedes llevarlo inmediatamenteâ. Es que yo querÃa a BenÃtez y él me apreciaba. La carta que a continuación reproduzco define el estado psÃquico de este artista verdadero.