Infiernillo político
B ueno, bueno, he venido advirtiendo sobre el peligroso camino de despersonalización del Estado panameño que venimos experimentando progresivamente, con un comportamiento globalizante que disminuye el sentimiento
Ramón Jiménez Vélez
B ueno, bueno, he venido advirtiendo sobre el peligroso camino de despersonalización del Estado panameño que venimos experimentando progresivamente, con un comportamiento globalizante que disminuye el sentimiento nacional ¿o no?
Por cierto que la forma de actuar de los panameños parece perderse entre si queremos ser un pueblo, un país, un Estado, una nación, o simplemente un territorio.
De paso el alabar a una cantante que interpretara nuestro himno en son de balada (igual puede hacerse como rock, rapeo o cumbia) y que no consideremos la bandera como algo que hay que respetar desacredita los símbolos patrios. Incluso un músico quiere instrumentar con la sinfónica el himno en son de reggae para incentivar los jóvenes.
Los símbolos de un país tienen un significado para todos. Es la representación de cuanto consideramos es nuestro país. Y cuando los ignoramos o demeritamos socialmente, los convertimos en vulgares, o sea que con ellos interpretamos lo que pensamos del país al que pertenecemos.
Tomemos en cuenta que una nación no es necesariamente estable, puede mutar con la historia.
Nosotros fuimos colonia española, luego pasamos a integrar la nación colombiana (en 1821, debimos decidir si anexarnos a México como el resto de los centroamericanos u optar por la senda del Libertador Bolívar) y luego decidimos, por razones económicas del Canal, constituir una República.
Igual que el territorio, su gente cambia, cambian las generaciones y la nuestra está más impactada por lo externo que por lo autóctono (forma de actuar, alimentarse, de vestir, de hablar, etc.).
Así vemos cómo celebramos el Halloween (si tenemos el Día de Difuntos tan panameño), el Día de Acción de Gracias (eso es totalmente yanqui por los llamados peregrinos que llegaron al Norte huyendo de la persecución religiosa europea) y el llamado “Black Friday” (único negro adorado en EE.UU.) y cambiamos un 28 de Noviembre (independencia de España) por un “Black Friday y lo convertimos en día puente para adornar al Bellocinio de Oro y jactarnos de que fue un éxito porque la llegada de turistas alegró la caja registradora de los fenicios.
Como dije en un principio: Debemos decidir si la República que iniciamos en el 1903 y que hemos ido llevándole a ser un país, finalmente pretendemos convertirla en nación o en un gran centro comercial, ¿o no?
Ya el filósofo Ortega y Gasset sentenció: el individuo al igual que los pueblos puede ser más definido por sus ideales que por sus realidades.
Bueno, eso es todo por hoy, pero tranquilos que el próximo jueves habrá más.