La piedra Farallón

Por: Redacción -

En la península de Azuero, circulaba antaño la creencia de que en un islote llamado la piedra Farallón, vivía el mismísimo Satanás prisionero en una caverna en el fondo del mar.

Quizá con el propósito de obligar a la gente a observar y cumplir rigurosamente los cánones eclesiásticos durante la Semana Mayor, se decía que el Viernes Santo, Belcebú rompía las cadenas con que Jesús lo mantenía amarrado y salía a castigar a los que se portaban mal.

Si aquellas creencias eran ciertas o falsas, nunca las pude corroborar. Lo cierto es que no vi a nadie convertirse en pescado por bañarse en el río en los días santos ni muchos menos transformarse en mono por treparse a un árbol.

Y si alguien apareció con rasguños después de aventurase en el monte, fue porque se dio una juma con chirrisco y cayó largo y tendido en algún camino pedregoso de los que antes abundaban por esos terruños.

Igual que muchos parajes similares en el Pacífico, la piedra Farallón es un refugio de vida silvestre, que da albergue a aves marinas que llegan para anidar, por lo que no entiendo de qué manera compaginará ese escenario natural con el proyecto turístico que pretende ejecutar en el sector un ingeniero español con la aparente aceptación del alcalde de Los Santos.

Tampoco logro comprender cómo un estudio de factibilidad, para dar cabida a ese tipo de proyectos invasivos del medio ambiente y la biodiversidad, podría hacerse en dos semanas, según lo que aparece en una crónica periodística.

A ver si ANAM de Los Santos emite públicamente opinión al respecto que aclare este asunto.

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