A La Pintada le va mal con el Gobierno
Por lo que vi y escuché el pasado martes 5 de abril en una nutrida reunión de campesinos de La Pintada, incómodos porque ahora no pueden quemar sus pequeñas parcelas para asegurar su comida, como siempre lo han hecho, no dudo de que estos y la misma alcaldesa pierdan la paciencia de un momento a otro. Por las multas anunciadas, el nidal de sombreros de paja allí reunido pedía alternativas. Y es que la tierra de los cholos (Libro de Chinchorro Carles), amanece sin previa notificación con su firmamento de subsistencia amenazando, pues no pueden quemar para sus parcelitas de maíz, yuquitas o frijoles, mientras que en los grandes ingenios de Coclé y Herrera (Pesé) todos los años se queman miles de hectáreas con iguanas y culebras adentro, incendios que oscurecen los cielos al mediodía y a esos no les dicen nada.
La primera autoridad que llegó a la reseca comunidad de Las Tablas, en el corregimiento El Potrero, fue la joven alcaldesa Ina Daneth Rodríguez Castañeda, funcionaria valiente y abnegada, a quien con nuestro Gobierno solo le falta lucir grilletes y cadenas porque ciertamente está maniatada por el tortuguismo institucionalizado que no le permite cumplir con las necesidades de su pueblo. Pueblo heroico que además de la sequía está amenazado por una hidroeléctrica que si la dejan, arruinará los cauces de los ríos como El Harino, Las Yayas y otros, pues quiere aumentar el caudal del río Grande y así servirse de lo que no es suyo, ahora comprendo más a los guaymíes.
A la cita llegó tardísimo el vicegobernador, y 45 minutos después, un funcionario de “MiAmbiente” con retóricas del Deuteronomio, mejor conocidas por los presentes y hasta que por fin el ingeniero Elington aterrizó y manifestó que había surgido una resolución para que se volviera a la vieja práctica, pero con mucho más cuidado que antes, solo para 800 a 1,200 metros. Que una vez esa resolución entrara en vigencia, alcaldes y corregidores darían los permisos. Todos aplaudimos hasta el sangrado y nos abrazamos de la alegría.
Ahora, conociendo la actitud de la mayoría de los funcionarios públicos, que lo único que hacen bien es esperar impacientemente la quincena, percibí que no se hará nada positivo al respecto. También que este tortugón de gobierno que nos ha tocado ha emergido de las aguas para quedarse varado en una trabazón de burócratas estancadores, mientras la sequía hace estragos con los campesinos del distrito de La Pintada. Con mucha pena me despedí de Ina Daneth, Rubén Bernal, Favio Rodríguez, Dídimo González, Felicidad y del resto de los orgullosamente ensombrerados como yo. Pido piedad para los campesinos de La Pintada, ya que doña justicia no vive aquí.