Letra muerta
Es más fácil enunciar un principio que ponerlo en práctica; eso pasa con el Sistema Penal Acusatorio, cuyas bases filosóficas son letra muerta a la luz de la arbitrariedad y abuso con que los operadores judiciales lo están aplicando.
Por ley, los principios de este sistema de juzgamiento tienen aplicación en todo el territorio nacional, aunque el aspecto procesal se aplicará a partir de 2016. Por ejemplo el Capítulo 1 del Código Procesal Penal, que habla de las garantías, principios y reglas; y establece en su artículo 2, el respeto a la legalidad procesal.
En ese apartado solo habla de que se debe respetar la Constitución política y los tratados y convenios internacionales ratificados por la República de Panamá. El Ministerio Público desconoce así el Pacto Constitutivo del Parlacen, que establece la inmunidad a sus integrantes, incluyendo al expresidente Ricardo Martinelli.
En el caso de los expedientes abiertos contra exfuncionarios y los amagos que se les hacen a otros con abrirles proceso, están ausentes los principios procesales de independencia e imparcialidad, inocencia, derecho a la defensa y libertad personal, entre otros.
En concordancia con esto, el nuevo código penal de 2007 dice claramente en su artículo 1: “Este Código tiene como fundamento el respeto a la dignidad humana”. Más de la letra muerta.
Es por ello por lo que resulta comprensible el temor de quienes ven cómo la administración de justicia se ha convertido en un instrumento de persecución y tortura judicial.
Razón tiene el expresidente Ricardo Martinelli y cualquiera que sometan a esta justicia selectiva y parcializada, en reclamar que se le está persiguiendo, porque allí están los principios acusatorios que son letra muerta.
Como bien lo señaló Pablo en su Carta a los Corintios: “La letra mata, pero el espíritu vivifica”.