Luto y reflexión
Si hay dos fechas en el devenir histórico del país que han marcado la conciencia ciudadana son el 11 de octubre de 1968, cuando los militares dan un golpe de Estado que derroca al Gobierno de entonces y el 20 de diciembre de 1989, cuando el ejército norteamericano invade Panamá y depone al último dictador militar, engendro de esa asonada cuartelaria de 1968.
Desde entonces, la política panameña ha estado marcada por esos momentos históricos, por un lado, los que hacen responsables a los llamados civilistas de las muertes de la invasión, y por el otro, los que señalan que la acción armada norteña era necesaria ante la negativa de los castrenses a dejar el poder y llamar a elecciones democráticas.
Han pasado 27 años de aquellos hechos luctuosos, por lo que ya es hora de que el país pase la página y se imponga el perdón y la fraternidad como signo de unidad y deseo de seguir hacia adelante superando los odios pasados.
Los que apoyaron a la dictadura militar –basados en el nacionalismo- deben entender que esa postura era históricamente insostenible, la democracia como sistema de gobierno es insustituible, y quienes apoyaron la acción militar denominada “Causa Justa” deben reconocer que la muerte de compatriotas inocentes y de quienes tomaron las armas el 20 de diciembre, es una espina clavada en el corazón de la patria.
No se trata de quedar bien con Dios y con el diablo, simplemente reconocer que en 1989 la situación era insostenible y que como país nos faltó capacidad para buscar una salida no violenta a la crisis. Para entonces, Panamá estaba polarizado, un escenario al que nos acercamos poco a poco en la actualidad.
Para los panameños, el 20 de diciembre debe ser, ante todo, un día de luto y reflexión en el que a toda costa debemos evitar los errores, que como país nos colocaron bajo un régimen militar y luego el doloroso trauma de una invasión extranjera.