Nadar contra corriente
San Juan nos habla del pecado del mundo frase que tiene connotaciones de índole social y espiritual.
En la Exhortación Apostólica Post-sinodal Reconciliatio et paenitentia de Juan Pablo II en el numeral 16 lo explica diciendo: “Ahora bien la Iglesia, cuando habla de situaciones de pecado o denuncia como pecados sociales determinadas situaciones o comportamientos colectivos de grupos sociales más o menos amplios, o hasta de enteras Naciones y bloques de Naciones, sabe y proclama que estos casos de pecado social son el fruto, la acumulación y la concentración de muchos pecados personales. Se trata de pecados muy personales de quien engendra, favorece o explota la iniquidad; de quien, pudiendo hacer algo por evitar, eliminar, o, al menos, limitar determinados males sociales, omite el hacerlo por pereza, miedo y encubrimiento, por complicidad solapada o por indiferencia; de quien busca refugio en la presunta imposibilidad de cambiar el mundo; y también de quien pretende eludir la fatiga y el sacrificio, alegando supuestas razones de orden superior”.
Cuando hablamos de nadar contra corriente y Jesús nos dice que”. ¿Creen que estoy aquí para dar paz a la tierra? No, se lo aseguro, sino división”.
Se refiere a esa lucha contra fuerzas mucha veces mayoritaria que promueven el pecado y que debemos combatir a riesgo de causar división. Porque con el pecado tanto personal como social no se negocia, sino que se le combate. Se ama al pecador pero se combate el pecado.
A riesgo de ser llamado fanático e intolerante estamos llamados a luchar contra el mal en todas sus formas: moral, social, económico, político, etc. No confundamos la separación Iglesia-Estado con el silencio cómplice. La Iglesia no pretende ni debe gobernar pero tampoco debe sentirse inhibida de denunciar y oponerse al mal personal y social.