Principio de autoridad
Un elemento fundamental de una buena gestión de gobierno, es la legitimidad y credibilidad de sus autoridades e instituciones.
Cuando el ciudadano no se siente bien representado o cuestiona las decisiones que toman los que mandan a cualquier nivel de la administración pública, entonces se pierde el llamado “principio de autoridad”, que no es más que la conformidad y asentimiento del gobernado, ante las motivaciones de las decisiones oficiales, las cuales, se perciben como conforme al interés público y el bienestar de la colectividad.
Este principio, en su ámbito subjetivo, también se basa en la buena reputación pública del que gobierna.
El principio tiene su fundamento en la credibilidad del gobernante, perdida aquella, todas las determinaciones que tome, no se dude que serán cuestionadas por los ciudadanos, tengan o no la razón.
Este principio implica, respeto hacia el gobernante y a su reputación como honesto e íntegro.
Es por ello que la credibilidad del actual Gobierno -la que se ha reflejado en la última encuesta- está por el piso; la gente duda de todo lo que se hace y busca siempre motivaciones ocultas en las directrices oficiales.
Cuando se le ponen sobrenombres chocantes, al que gobierna, se hacen chistes de su gestión y su figura, eso son síntomas de descomposición social y política, que desafían la estabilidad del Estado.
Con burlas se tumban gobiernos, porque cuando la gente deja de creer y obedecer se entroniza la rebeldía, sino que le pregunten a un sujeto al que le decían “Cara de Piña”, así empezó su caída. Recuerden, la historia se repite en espiral.