Productores de amor
E n una sala de espera, estaban personas pendientes de los resultados de la cirugía de sus familiares. Los miembros de una familia numerosa llegaban con alimentos
Email: yroquebert05@hotmail.com | Yadira Roquebert
E n una sala de espera, estaban personas pendientes de los resultados de la cirugía de sus familiares. Los miembros de una familia numerosa llegaban con alimentos y bebidas para los que aguardaban. Todos con mucha fe, oraban por la salud de su familiar.
Un señor, de edad avanzada, que observaba detenidamente lo que sucedía, comentó sobre la unión familiar y la armonía que reinaba en esa familia. No hay que esperar llegar a encontrarse en un hospital o en un cementerio para volverse a ver y compartir, dar gracias o para aceptar equivocaciones y pedir perdón, decía.
Tras esa reflexión, lamentó que su suegra no lo haya aceptado, sino después de 48 años, justo antes de que su esposa muriera. Cuando se enteró de que su suegra había aceptado que estaba equivocada, y que se lamentaba no haberlo querido como un hijo más, le dolió profundamente, pues decía: fueron muchos años que vivió alimentando un resentimiento, dejando pasar la oportunidad de vivir en familia y disfrutar de las bendiciones que Dios regala cuando se actúa con amor y solidaridad.
Quizás no hubiésemos detenido la muerte de mi esposa, dijo, pero de seguro que seríamos felices; ahora, ya no está mi mujer, con quien cumpliría este mes, 50 años de casados, pues ya se fue y no pudo escuchar a su madre ni se enteró de que aceptó estar equivocada.
Hechos similares han existido siempre y no dejarán de darse hasta que se comprenda que lo más valioso que tenemos, después de tener vida, es amar a la familia. No podemos demostrarles afecto a terceros si no les tienes amor a tu familia, a tus padres, a quien estás llamado a amar y respetar; a tus hermanos, abuelos, hijos, nietos, etc.
En mi Panamá, el país de las oportunidades, la iglesia invita a dar frutos, mediante la fe, el culto y la oración. Se necesitan cristianos que produzcan frutos de amor, de vida y de solidaridad. Señala que no basta ser cristianos para salvarse, hay que dar frutos de buenas obras; y que el espíritu comprenda todo el alcance de la palabra y de cauce a nuestras vidas.
Quienes se identifican con este relato presenten sus peticiones en oración, no alimenten rencores, nunca serán felices ni harán feliz a otro, necesitamos productores de amor, que guíen por buen sendero a las familias.