Protestas
Caminaba cerca del parque de Los Aburridos (El Dominó), cuando el gordo expescador de Puerto Caimito llamado “Tamboril” me llamó a gritos. “Señor periodista, no se vaya que tengo que presentarle una protesta muy seria”. Me senté en el restaurante improvisado de la reina de las hojaldres conocida como “La Panga”. “Habló a gritos ‘Tamboril’ y dijo: ¡no estoy de acuerdo con que los alcaldes de San Miguelito y Panamá estén persiguiendo a los buhoneros. Ellos son gente que se ganan el real de manera honesta, y no importa si hay extranjeros honestos que vienen a compartir la vida con nosotros”.
Señalé que esos buhoneros entorpecían el paso a las personas y que hay una ley que prohíbe a los extranjeros hacer ese trabajo. “No trate, señor periodista, de justificar los abusos contra los pobres de este país”, manifestó el “Flaco Cojinoa”, otro expescador. “Lo que pasa es que cuando se está arriba en la ‘papa’ algunos se olvidan de ese pueblo que les dio el voto. Aunque en Panamá hay muchos millones de dólares, miles no tienen ni un ‘martinelli’ para poner la olla”, agregó “La Panga”. “Lo que hay que hacer es ponerlos en un buen sitio para que sigan con su trabajo honrado”, sugirió “Tamboril”.
¿Qué piensan Uds. del cierre de calles porque no hay agua ni luz eléctrica en varios sitios?, pregunté. “¿Ud. no haría lo mismo si no tiene agua para bañarse y ver su telenovela preferida?”, me preguntó “La Panga”. “Pero eso afecta a muchas personas que no tienen la culpa”, respondí. Apretando los labios en una mueca de disgusto, “Cojinoa” indicó que si no se cierran calles y se tiran piedras a la policía, este gobierno lento no soluciona esos problemas.
Me fui con un sabor amargo en la boca. No quise mirar los enormes rascacielos de Punta Paitilla dolido por los miles de panameños que no disfrutan del desarrollo económico de Panamá. Mi mente se fue por “el túnel del tiempo” al 6 de enero pasado. Estaba en la iglesia de Paso Ancho, Tierras Altas de Chiriquí. Sonrientes señoras, jóvenes y niños celebraron mi cumpleaños en un ambiente de felicidad. Ellos pertenecen a otros panameños que también trabajan de manera honrada para echar hacia adelante este país. Lamenté que muchos panameños como “La Panga”, “Cojinoa”, “Tamboril” y varios más no puedan trabajar y hasta hacer turismo interno y disfrutar de otras bondades de esta patria.