Recuerdos
No pudimos ganarle al sueño. Por más que hicimos esfuerzos por mantenernos despiertos no logramos sorprender la fantasía navideña. Queríamos ver a Santa Claus poniendo los juguetes bajo el árbol navideño. No importar que la casa no tuviera chimenea por donde entrar. Para eso estaban las ventanas. Mi hermano Orlando y yo dejamos una sin cerrar para facilitar las cosas. Todo fue inútil y nuestra curiosidad terminó cuando papá y mamá nos revelaron la verdad. Han pasado más de sesenta años de esto. Realmente nos hubiera gustado seguir un poco más con el cuento del Niño Dios y Santa Claus…
Es imposible no tener recuerdos de momentos felices que pasamos cuando niño en la calle Primera Parque Lefevre. A finales de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, los chiquillos nos despertábamos temprano para buscar los juguetes navideños. Algunos sin desayunar o bañarnos salíamos a jugar con los amiguitos. Aunque quienes no recibieron lo que esperaban estaban tristes, eso pasaba rápido ante el espíritu de Navidad. Recuerdo las bolas de humo que se producían por los disparos de revólveres de papelillos. Otros gritaban corriendo en sus patines y bicicletas.
Las niñas eran más tranquilas. Recibían muñecas y juegos de té, que las preparaban para “cuando fueran grandes y tuvieran familia”. Con las horas se intercambiaban juguetes entre amiguitos. Al finalizar la tarde, varias madres visitaban a los vecinos para rescatarlos. Nadie se disgustaba porque consideraba que era algo normal en Navidad. Ya de adulto he recorrido varias veces las calles de mi niñez en Navidad. Mi mente se va por el “túnel del tiempo” recordando los alegres momentos que vivimos. Pero ahora todo ha cambiado.
Los niños no juegan en las calles por los diversos problemas que pueden tener. Desde el atropello de un chofer irresponsable hasta la posibilidad de un ataque de un enfermo mental. Por eso las Navidades en esa calle no existen. Se juega encerrados en casas y departamentos. Imagino que algunos mostrarán a sus amigos los que recibieron… ¡mediante fotos y videos de los celulares! Se ha perdido la interacción infantil. Aunque puedo comprender las razones del fenómeno, pienso que mi época fue mejor. Ninguna tecnología reemplazará la convivencia de los niños disfrutando sus juguetes.
Imagino que en algún lugar del país habrá la convivencia de niños felices con sus juguetes navideños. Existirán comunidades donde los vecinos no sean enemigos, y las travesuras de los chiquillos sean aceptadas como algo normal de su edad. Necesitamos más fantasía navideña para niños y adultos.