Rey del Universo
La cruz de Cristo, es un escándalo que todavía hoy en día no es fácil de asimilar y resulta aún más confuso cuando declaramos al crucificado como Rey del Universo.
San Pablo nos enseña que: Pues el mundo, con su sabiduría, no reconoció a Dios cuando ponía por obra su sabiduría; entonces a Dios le pareció bien salvar a los creyentes con esta locura que predicamos. 1Corintios 1, 21. Puesto que hoy día al igual que ayer reclamamos a Dios las mismas cosas, solo que de diferente manera.
Algunos buscan un Dios poderoso que se imponga y resuelva de manera extraordinaria todas nuestras contrariedades.
Otros buscan un Dios filósofo que le aclare el porqué de las cosas.
Mientras que nosotros predicamos un Dios crucificado que es escándalos para los judíos y locura para los griegos. Por ello, una tentación muy frecuente es empobrecer el Misterio de Cristo destacando solo el aspecto final y glorioso del Mesías, adoptando así, posturas despreocupadas y triunfalistas.
La vida terrena de Jesús es la respuesta que buscamos para nuestra vida. No podremos alcanzar la vida sin sacrificio, ni la gloria sin la cruz.
Por lo tanto, si queremos obtener milagros y alcanzar la sabiduría, tenemos que asociar nuestros trabajos a los suyos, nuestra vida a su vida, nuestro sufrimiento con su cruz, completando de esta manera en nosotros lo que falta a los sufrimientos de Cristo en nuestro bien y en el bien del mundo entero.
No se trata de vivir aislado y de que tengamos una vida extraordinaria a los ojos de los demás. Sino de vivir unido a Cristo en toda nuestra circunstancia de vida.
Ya que comamos o bebamos hacerlo todo por el Señor, vivir una vida por Cristo con Él y en Él.