Si yo fuera diputado
"Si Yo fuera Diputado", sería menos espectacular, más productivo y menos mediático.
Sería más leal a mi país que a cualquier partido político sin conciencia, ya sea de izquierda o derecha, y en el peor o mejor de los casos, del centro.
No le vendería a ningún costo mi alma al diablo, a ningún gobierno, a ningún presidente ni dirigente, del Partido de "Omar" del Partido de "Arnulfo" ni del "Disco Rayo", aunque me ofrecieran la inmortalidad.
"Si Yo fuera Diputado", jamás traicionaría a mi conciencia ni a Dios ni a los propios traidores.
La traición no es mi medio, no podría dormir tranquilo abrazado a ella. No fui creado para nadar como pez en un mar de traición, de corrupción política, de políticos de probeta, de hombres cuya honestidad la ejercen por instinto y no por principios.
No coquetearía con ningún político carente de principios, aunque yo fuera político, ni sería presidente de un "recinto de locos ni de un recinto de cuerdos" a cambio de prebendas, de favores políticos, de puestos en el Servicio Exterior, aunque yo no sirva, de millones en la trastienda.
Tampoco participaría en arreglos de recámara para conseguir casas por cárcel, casas por país, o simplemente, para que mi genealogía previa o la que me continúa sea situada en un pedestal de puestos estratégicos en el Gobierno y con jugosos salarios, a cambio de mis gritos en la Cámara o de mis silencios.
Los padres de la patria olvidaron que deben ser un ejemplo para el pueblo y sus hijos, que fueron elegidos para servir y no para ser servidos. Pero cómo evitarlo si en la Asamblea Nacional, como en las mejores familias, también hay progenitores ilegítimos, sin pedigrí.
Malos padres que disfrutan de las mieles del poder, que no asisten al Pleno, que no presentan iniciativas parlamentarias, que defienden leyes inconsistentes y politiqueras aun a costa de herir de muerte la Constitución Nacional.
Diputados desconocidos, aún en la bodega más concurrida de su circuito, sin liderazgo, sin escrúpulos, que coquetean con la corrupción y la ilegalidad.
Diputados a los que no se les conoce la voz, que no defienden los derechos humanos, que debaten con insultos y no con ideas, que viajan en primera clase sin misericordia a congresos y seminarios improductivos.
Diputados sin criterio, auténticos campeones de la ineptitud y la indolencia que sobrevuelan la administración pública, que se pavonean por circuitos tristes de calles oscuras y llena de huecos en autos de lujo, que prometieron el cielo a sus votantes y hoy le regalan leyes infernales.
Diputados oscuros, que mienten y que defienden más los intereses políticos que la propia Bandera panameña, parvada de politiqueros mercenarios y charlatanes de café, que no saben de política y que olvidaron lo que es patriotismo y responsabilidad.
Se necesitan diputados sin mancha en su ropaje político, que eleven los principios éticos y morales por encima de sus intereses personales, que se profesen devotos del castigo ejemplar para los pillos de la política para los que le robaron el alma y los dineros a una Patria herida.
Diputados sin apetencias politiqueras y espejismos, sin hipocresías, que no le vendan al pueblo ilusiones para luego defenestrarlo con leyes de desengaños. Diputados con un discurso admirable y con una realidad preñada de hechos.
Diputados con luz propia, que no bajen la cabeza ante la mirada suspicaz de los vecinos, la desconfianza absoluta de los medios y el odio intestinal de sus adversarios políticos.
Se necesita un país verdaderamente democrático, con leyes, presidentes, fiscales, magistrados, jueces y diputados sin rabo de paja, que ejerzan su función con patriotismo, honestidad e independencia.
"Si Yo fuera Diputado", intentaría ser de los buenos, de los que solo hay un puñado en la Cámara, aunque me costara la vida.