Su abuela lo aplaudió desde el cielo
Una de las imágenes más emotivas que dejaron los Juegos Olímpicos de Londres 2012 fueron las lágrimas de Félix Sánchez, tras ganar su segunda medalla de oro en los 400 metros con vallas. Con el oro que había obtenido ocho años atrás en Atenas 2004, le había dado a la República Dominicana la primera medalla dorada de la historia. Y este segundo título, a los 34 años, lo convertía en el atleta más viejo que ganara esa prueba.
Tras cruzar la meta, cayó de rodillas, lloró y besó con ternura una foto de él con su abuela que llevaba dentro de su traje rojo. «Quería que ella se sintiera orgullosa, y por eso llevo su nombre en mis zapatillas. El día que murió, cuando yo estaba en Pekín, se me rompió el corazón. Es por ello por lo que llevo su fotografía en mi pecho, pegada al corazón», señaló.
Sánchez se refería al día 15 de agosto de 2008. Horas antes de correr en las eliminatorias de primera tanda de los 400 metros con vallas en los Juegos Olímpicos de Pekín le había llegado por correo electrónico la terrible noticia de que había muerto su abuela materna, Lilián Peña, de 70 años, quien lo había criado. Luego de llorar en su habitación de la Villa Olímpica tras recibir semejante golpe a las 7:00 a.m., había competido tan afectado por la noticia que no había podido superar esa primera ronda de eliminación.
«Este deporte es 90% mental, y yo no tenía el ánimo», había explicado entonces. Pero se había hecho la promesa de que un día volvería a triunfar, por su «ABUELA», que fue lo que escribió a mano cuatro años después en sus zapatillas fluorescentes.
A pesar de las lesiones y de otros obstáculos que afrontó antes de Londres 2012, Súper Sánchez no bajó los brazos, sino que se propuso dedicarle el triunfo a su abuela Lilián. «Estoy triste porque ella no está aquí para que pueda vivir este momento conmigo», dijo tras ganar cómodamente su serie en Londres. Y en la ceremonia de entrega de medallas, subió al podio y se quebró en un llanto que conmovió a los 80 mil espectadores en el Estadio Olímpico. De ahí que en el extremo sur de las Américas el diario La Nación de Argentina concluyera con broche de oro: «Su abuela Lilián Peña lo aplaudió desde el cielo».
Quiera Dios que, así como Félix Sánchez se propuso dedicarle el resultado de otro máximo esfuerzo a su querida abuela en el más allá, también nosotros nos propongamos dedicarle nuestros mayores esfuerzos a Dios, de modo que Él nos aplauda desde el cielo y nos diga al igual que le dijo a su Hijo Jesucristo: «Tú eres mi Hijo amado; estoy muy complacido contigo».