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Tolerancia

Por: Por Milcíades Ortiz Catedrático -

A poco tiempo de comenzar oficialmente la campaña política, es conveniente señalar que debemos tener tolerancia para evitar situaciones negativas. Claro que existe la libertad de opinión y todos tenemos derecho a expresar nuestras ideas sobre el proceso electoral. Pero no debemos caer en los excesos, que pueden convertirse en insultos y deseos de imponer las ideas de unos sobre los otros.

La actividad política es básica para el funcionamiento de una democracia. Todos tenemos derecho a querer ser miembros de los gobiernos locales y el nacional. Desgraciadamente algunas personas pierden el control de sus emociones. Se puede llegar hasta los insultos y las agresiones personales. También a romper amistades y disgustos familiares. No es de extrañar que en algunas familias haya personas que respalden a distintos candidatos, lo que no debe destruir los lazos familiares.

La política es el arte de gobernar. Es algo muy importante, ya que se debe gobernar para beneficio de los pueblos. No confundir con la “politiquería”, que es una actividad que se hace para beneficio personal. Nuestra historia está llena de ejemplos de personas que prometieron el cielo y la tierra, y luego lo que hicieron fue aprovecharse para mejorar sus condiciones de vida. A cada rato escucho quejas de personas que le dieron el voto a un político y este nunca cumplió sus promesas y no lo volvieron a ver más. Sin embargo, ahora han vuelto por veredas y calles buscando apoyo para sus candidaturas.

Tal cosa ha hecho que para algunos la política sea una palabra sucia. Otros comprenden el juego y le dan el voto a quien más les regale cosas. Para las decenas de miles de jóvenes que votarán por primera vez, es difícil conocer cuáles candidatos son sinceros. Aparte de la tolerancia a las diferentes ideas políticas, los panameños debemos tomar las elecciones con seriedad, porque de ellas dependen el manejo del país en los próximos cinco años.

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Cuando escucho las quejas sobre ciertos funcionarios, pienso que la culpa es del pueblo que los eligió. No me echen el cuento que fueron engañados, porque si fuera así, algunos no serían elegidos varias veces.

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