Uvas
L uego de trabajar desde joven, mi padre decidió jubilarse en los años 70. Pensé qué haría papá, pues no era persona que se iría a
Milcíades Ortiz
L uego de trabajar desde joven, mi padre decidió jubilarse en los años 70. Pensé qué haría papá, pues no era persona que se iría a descansar. Días después me dijo que en Panamá se podría sembrar uvas. Había leído que se necesitaba sol y algo de fresco para cultivar esta fruta. Siempre mi padre estaba experimentando algo. Años antes congeló jugo de maracuyá y lo promocionó en restaurantes que no lo conocían. Pero lo de las uvas era casi imposible según mi entender. Él no hizo caso a las observaciones negativas. Buscó pedazos de plantas sembradas por algunos españoles e italianos como adorno. Preguntó y estudió cómo se hacía una parra (enramado). Semanas después con asombro vimos crecer las delgadas plantas. Seguía dudando que tuvieran frutos…
Con entusiasmo llamó a su familia para que viera cómo iban surgiendo los racimos de uvas. Los cuidó de bichos y las uvitas fueron a dar a nuestros platos como una curiosidad. Eran pequeñas, a veces dulces y otras ácidas. Consiguió otras cepas y en meses una enorme parra apareció en los terrenos de la casa paterna en la calle 1.ª Parque Lefevre. Su entusiasmo no quedó allí. Inició una “cruzada” para popularizar la siembra de uvas panameñas que eran vistas por numerosos curiosos que visitaban nuestra casa. Iba a las ferias de Río Abajo a vender plantones de uvas. Daba explicaciones detalladas para convencer que compraran lo que muchos creían era imposible. Se pusieron anuncios radiales, escribió unos artículos. Dictó una conferencia a ingenieros agrónomos porque era “el panameño que más sabía de siembras de uvas”. Finalmente experimentó hacer vino, algo que no fue fácil.
Su familia fue la única que probó el líquido morado. Con el dinero de la venta de plantas de uva pagó impuestos y arregló la vieja casa familiar. Hasta el día de su muerte, hace 31 años, sus uvas panameñas dieron significado a su jubilación. Recordé esto al enterarme de que el señor Abelino Pérez, de Miraflores en Penonomé, luego de años de experimentos ha logrado buenas cosechas de uvas en el patio de su casa. También pudo hacer vino y se ha convertido en todo un personaje y orgullo para su familia.
No solo las exóticas uvas sembró papá en el pedregoso patio de su casa en Parque Lefevre. Vimos espárragos, berenjenas, lechugas, tomates, ciruelas, espinacas, etc. Numerosas gallinas daban huevos y carne. Cuando sobraban guineos, plátanos, papayas, yucas y guandú y algo de ñame se repartían entre los vecinos…